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CAP�TULO III

 EL DERECHO A LA VIDA, LIBERTAD PERSONAL E INTEGRIDAD PERSONAL1

 

A.            CONSIDERACIONES GENERALES 

1.       Los derechos a la vida, a la libertad personal y a la integridad personal son los m�s fundamentales de todos los derechos humanos.  Como manifest� un editor: �De ellos dependen todos lo dem�s y sin ellos, poco o nada valen los dem�s�.2  Estos derechos est�n protegidos por el Art�culo 3 de la Declaraci�n Universal de Derechos Humanos  y el Art�culo I de la Declaraci�n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.  En la Convenci�n Americana sobre Derechos Humanos est�n estipulados en los Art�culos 4, 5 y 6.  Estas disposiciones de la Convenci�n Americana forman parte de la legislaci�n nacional de Hait�. 

2.       Los derechos a la vida, a la libertad personal y a la integridad personal en Hait�, han estado en peligro.  Para muchos haitianos, la era Duvalier represent� la ausencia del estado de derecho y, consecuentemente, el desagravio por la violaci�n de estos derechos no podr�a ser apelado dentro del sistema judicial interno.  Puede considerarse que el Consejo Nacional de Gobierno (CNG), a pesar de los incipientes, y ambiguos, intentos de someter a la justicia a algunos altos ex funcionarios, ha protegido a los duvalieristas.  Con la constituci�n de 1987 se intent� erradicar a los duvalieristas de la vida pol�tica de Hait�  por un per�odo de diez a�os pero la masacre del 29 de noviembre de 1987 y el derrocamiento del Presidente Leslie Manigat demostraron que el gobierno militar est� dispuesto a proteger a los duvalieristas en su cronograma pol�tico. 

3.       Las violaciones de los derechos humanos y la represi�n institucionalizada durante el r�gimen de Fran�ois Duvalier (Papa Doc) fueron notorias.3  Las matanzas ocurridas en Hait� no causaron indignaci�n en el �mbito internacional.  Los derechos civiles, pol�ticos, econ�micos, sociales y culturas no exist�an.  Hait� ha sido considerado el caso perdido del continente y muchos organismos internacionales la han comparado m�s con naciones africanas que americanas.  La consecuencia, en t�rminos humanos, ha sido el �xodo de casi un mill�n de haitianos que componen la �di�spora�, como la llaman los haitianos a su poblaci�n en el exilio.  Durante los a�os de dictadura, muchos de estos haitianos asumieron cargos importantes en los gobiernos de pa�ses africanos nacientes.  En un momento dado se estim� que eran alrededor de 1.000 los haitianos que ocupaban cargos oficiales en el Congo.4  Dado que la poblaci�n de Hait� no llega a los seis millones, la relaci�n del gobierno m�s la di�spora es de gran importancia, especialmente porque entre esos exiliados se encuentra un importante sector de la gente educada del pa�s. El �xodo de haitianos, en particular el fen�meno de los que se lanzaban al mar en botes, constituye un bar�metro �til para medir el clima pol�tico.  El n�mero de solicitudes de visados para los Estados Unidos en 1986 fue tres veces mayor que el registrado en 1987, lo que indica la desilusion y la desesperaci�n de la poblaci�n ante una nueva dictadura.5  

4.       La ca�da del Presidente Vitalicio Jean-Claude Duvalier, el 7 de febrero de 1986, cre� grandes expectativas en torno al fin de la era Duvalier.  Los haitianos consideraron el 7 de febrero de 1986 el d�a de su segunda independencia y �Haiti Lib�ree� se convirti� en la expresi�n p�blica del momento, reproducida en las paredes, camisetas y hasta en el nombre de uno de los diarios.  Pero impl�cita en esta liberaci�n se encontraba la predecible demanda de justicia mezclada con venganza.  El llamado a dechoukaj, es decir, a la erradicaci�n, significaba el deseo de extirpar el duvalierismo.  

5.       Ya el 20 de marzo de 1986, el Sr. G�rard Gourgue, el miembro m�s popular del CNG, y tambi�n Ministro de Justicia, por haber sido el �nico miembro del nuevo gobierno en oponerse activamente a Duvalier, renunci� a modo de protesta porque el CNG no satisfac�a las demandas de justicia del pueblo haitiano.  A los colaboradores de Duvalier, como el General Albert Pierre, conocido como Ti Boul�, jefe de la polic�a secreta, se les hab�a permitido exiliarse subrepticiamente.  Estos sucesos fueron discutidos en detalle por la Comisi�n en su Informe Anual 1985-1986.  Sin embargo, tanto entonces como ahora, preocupa m�s a la Comisi�n el hecho de que el CNG no ha sometido a la justicia a los responsables de los numerosos asesinatos ocurridos el 7 de febrero de 1986.

 

a.            Violaciones al derecho a la vida y fracaso del gobierno en investigar y castigar a los responsables 

6.       Entre 1985 y 1987 hubo numerosos asesinatos, cuya intensidad creci� en el per�odo que culmin� con las elecciones presidenciales y legislativas del 29 de noviembre de 1987.  El �ltimo per�odo del gobierno del Presidente Manigat, desde aproximadamente mediados de abril hasta el 20 de junio de 1988, fecha del golpe, tambi�n estuvo caracterizado por una ola de violencia �asesinados, robos armados, secuestros y tiroteos nocturnos en distintos lugares, pero de rutina, cuyos resultantes cad�veres se encontraban en las calles al d�a siguiente- violencia que ces� al asumir el poder los militares.  

7.       En un informe sobre la �ndole ejecutoria de los asesinatos se declaraba que:  

De acuerdo con los registros oficiales del hospital estatal, durante un per�odo de dos semanas, entre mediados de abril y comienzos de mayo de 1988, ingresaron 17 cad�veres despu�s de los tiroteos habidos.  Cabe se�alar que esta cifra no incluye ni las personas que fallecieron de heridas de bala despu�s de ser admitidas en el hospital, ni los cuerpos que fueron trasladados por sus atacantes despu�s de ser baleados ni aquellos que fueron sacados de sus casas, por la noche, por civiles armados y jam�s han vuelto a ser vistos.  

Poco se sabe de los asesinados, y menos de los asesinos.  Pero las muertes perpetradas a modo de ejecuci�n dieron pie a la sugerencia de que podr�an tener car�cter pol�ticos o constituir ajustes de cuentas pendientes y de viejas enemistades.6  

8.       No fue sino hasta hace poco que grupos locales de derechos humanos comenzaron a compilar datos precisos sobre el n�mero de muertes ocurridas mensualmente y los nombres de las v�ctimas, pero no se dispone de esos datos para el per�odo que se considera en este informe.  El Sr. Robert Duval, Jefe de la Liga de Ex Prisioneros Pol�ticos de Hait� (LAPPH), testific� en marzo de 1988 ante la Comisi�n de Derechos Humanos de la ONU que la Liga estimaba que desde el 7 de febrero de 1988, unos 1.500 ciudadanos hab�an muerto a manos de las Fuerzas Armadas y los Macoutes.7  

9.       Seg�n se informa, algunas v�ctimas de las matanzas fueron Macoutes relacionados con militares que estaban saldando cuentas, y otras, personas seleccionadas por haber participado en las operaciones de dechoukaj.  La prensa inform� sobre el siguiente caso:  

Un cuerpo encontrado el 1 de abril de 1988 en la Ruta 1, cerca de Laffiteau, result� ser el de Jean Richard Alphonse, de 25 a�os, residente del barrio de Fontamara.  Alphonse hab�a sido l�der de un grupo que, en noviembre de 1987, se vio implicado en el dechoukaj de la casa de Lafontaine Dominique, muy conocido duvalierista y sacerdotes vud�.  Durante el incidente hab�a resultado herido un oficial de un cercano destacamento naval.  

Justo antes de su muerte, Alphonse hab�a recibido la solicitud de personarse en la base naval, solicitud que cumpli� pero nunca regres� a su hogar.  

Un amigo de Alphonse, Charles Edouard Desgrottes, junto con otros dos amigos, Adrien Berthol y Jean Fleurant, fueron detenidos por la brigada de investigaciones criminales en relaci�n con el asesinato de Alphonse.  

Desgrottes fue puesto en libertad dos semanas despu�s, y se refugi� de inmediato en Nueva York, pero Berthol y Fleurant permanecen detenidos sin hab�rseles acusado de ning�n crimen.  

Aunque Desgrottes admite que Alphonse, Berthol y Fleurant participaron en el saque de la casa de Lafontaine, neg� haber tenido nada que ver con la muerte de Alphonse, aduciendo que unos macoutes relacionados con los militares estaban haciendo ajustes de cuentas y matando a quienes hab�an participado en la operaci�n de dechoukaj.8  

10.     La �ndole pol�tica de esta ola de violencia queda demostrada por el hecho de que las autoridades militares pueden comenzarla o pararla.  La campa�a de terror que caracteriz� al per�odo que culmino con las elecciones del 29 de noviembre de 1987, incluido el mismo 29, contrasta marcadamente con la ausencia de violencia durante el per�odo que culmin� en las elecciones del 17 de marzo de 1988, incluido el mismo 17.  Durante ambos per�odos, el gobierno era militar pero, en el primero, el terror sirvi� para que los militares alcanzaran su objetivo de cancelar las elecciones.  De igual manera, tan pronto como el Presidente Manigat dej� de servir los prop�sitos de los militares, nuevamente se desat� una campa�a de terror para desestabilizarlo, y una vez que el Presidente Manigat hubo sido derrocado, el terror ces�.  Con excepci�n del controvertido arresto hecho por el Coronel Jean-Claude Paul en mayo de 1988, de once individuos (diez militares y un civil) supuestos integrantes de los escuadrones de la muerte, nadie ha sido arrestado por actos cometidos en estas campa�as de terror.  Tampoco se sabe cu�l ha sido el destino de esos once individuos.  

11.     La Comisi�n, durante las conversaciones mantenidas con el General de Divisi�n Williams Regala, Ministro del Interior y Defensa Nacional, durante la visita de agosto de 1988 a Hait�, mencion� el asunto de los escuadrones de la muerte, el estado de inseguridad y la aparente impunidad otorgada a los terroristas.  El General Regala neg� que fueran los macoutes quienes perpetraban esos actos de terror y expres� que quien visita Hait� puede sentirme m�s seguro en las calles de Puerto Principe que en las de Nueva York, Washington, D.C. o Kingston, en Jamaica.  A juicio del Ministro, los militares garantizaban la seguridad de la poblaci�n y Hait� se encontraba entonces en calma.  La seguridad de la Comisi�n, dijo, estaba garantizada.  La Comisi�n le record� que hab�a ofrecido las mismas garant�as justo antes de las elecciones del 29 de noviembre de 1987.  

12.     El hecho de que el CNG no haya investigado y castigado a las personas responsables de estas muertes ocurridas con la impronta de los escuadrones de la muerte ha sido una preocupaci�n constante de la Comisi�n y la conduce a concluir que esos escuadrones operan por la impunidad que les conceden los militares.  A continuaci�n se discuten ciertos casos presentados a la Comisi�n y sobre los cuales del Gobierno de Hait� ha respondido.  Se trata de muertes ocurridas durante el per�odo del primer gobierno militar, 1986-1988, el CNG y durante el lapso en el que el Gobierno no hizo investigaciones o, si las hizo, no encontr� a los responsables.  

 

Martissant 

13.     La Comisi�n declar� en su Informe Anual 1985-1986 que:  

El 19 de marzo de 1986 cinco civiles resultaron muertos de bala por miembros de una tropa ��lite� del ej�rcito, denominada Leopardos, y 48 horas m�s tarde dos personas murieron durante la realizaci�n de una manifestaci�n pac�fica.  El 26 de abril 6 civiles resultaron muertos por agentes de seguridad y 48 heridos, muchos de ellos de gravedad, durante una celebraci�n de ex presos pol�ticos de Fort Dimanche.  La Comisi�n no ha tomado conocimiento de que estos actos, cuya responsabilidad ha sido atribuida a las fuerzas de seguridad, hayan sido investigados.  

14.     En cuanto concierne a las muertes ocurridas en Martissant el 19 de marzo de 1986, la Comisi�n abri� el caso N� 9699 y solicit� del Gobierno de Hait� que le proporcionara cualquier informaci�n que juzgara adecuada.  El Gobierno respondi� lo siguiente:  

El conductor de un veh�culo de transporte p�blico, llamado Jean-Claude Roc, provoc� un atasco de transito en la ruta a Martissant por querer, ilegalmente, adelantarse al coche del Capit�n del Ej�rcito Lyonel D. Sylvian.  De conformidad con el Art�culo 31 del Manual de Justicia y 6 � 3 de los Reglamentos de las Fuerzas Armadas, el Capit�n estaba autorizado a desempe�ar las funciones un oficial de polic�a.  El conductor habi�ndose negado a aceptar las �rdenes impartidas por el Capit�n y habi�ndolo insultado, era responsable, de acuerdo con las disposiciones contenidas en el Art�culo 51 del Decreto 4 de abril de 1979 sobre el tr�nsito de veh�culos.  La oposici�n de la gente presente al arresto del conductor, su agresi�n contra el militar utilizando palos, piedras y otras armas improvisadas y la reacci�n del militar causaron:  

1.       Dos muertes y tres heridos en el bando civil  
2.       La hospitalizaci�n de 7 militares  
3.       Da�os a los veh�culos, de los cuales uno era una ambulancia  

15.     Este caso ilustra el alto grado de frustraci�n social y de animosidad sentido contra los militares en Hait� a s�lo un mes de haber abandonado el pa�s Jean-Claude Duvalier.  Asimismo, el Gobierno desconf�a de la poblaci�n civil y favorece a los militares en cuanto se refiere a adjudicar responsabilidades acerca de las muertes.  

16.     La Comisi�n tuvo muchas oportunidades de hablar con militares durante su visita en agosto de 1988.  En esas conversaciones se puso de manifiesto que los miembros de las Fuerzas Armadas se consideran superiores a los llamados l�deres pol�ticos, quienes, a sus ojos, carecen de seguidores y de apoyo popular.  Tambi�n fue evidente que los militares se sintieron amenazados por la campa�a de rache manyiok (solicitando el derrocamiento del CNG durante el verano de 1987) y que no volver�an a permitir que las circunstancias alcanzaran un grado de amenaza tal que pudieran quitarles el poder.  el comandante de un centro de detenci�n expres� su desprecio por los grupos de derechos humanos y la prensa, indicando que las v�ctimas de varios asesinatos atroces hab�an sido elevadas al nivel de m�rtires por estos grupos cuando, en realidad, �stas hab�an sido responsables de delitos peores.  Los grupos de derechos humanos eran claramente sospechosos para estos militares y, en algunos casos, aunque ambiguamente, los tomaban como enemigos.  

El Sr. Charlot Jacquelin (Caso N� 9784)  

17.     En 1986, el caso de la �desaparici�n� del Sr. Charlot Jacquelin, maestro de la campa�a de alfabetizaci�n MISYON ALFA de la iglesia Cat�lica, fue puesto en conocimiento de la Comisi�n.  

18.     El caso fue presentado a la Comisi�n en octubre de 1986, abriendo la Comisi�n de inmediato el expediente con el n�mero 9784.  Se inform� a la Comisi�n que el Sr. Charlot Jacquelin hab�a sido arrestado el 18 de septiembre de 1986 en su casa particular, situada en Cit� Soleil.  Dos individuos, uno vestido de civil y el otro luciendo el uniforme caqui del ej�rcito, entraron a su casa a eso de las 22 horas, mientas dos oficiales de polic�a, vistiendo el uniforme azul, montaban guardia afuera.  El Sr. Jacquelin fue sacado de la cama, ordenado a vestirse y conducido a la comisar�a local de Cit� Soleil y se dice que, posteriormente, ocho oficiales de polic�a fueron a buscarlo y lo llevaron a un destino desconocido.  Desde entonces se desconoce su paradero.  

19.     En el transcurso de la visita realizada en enero de 1987 a Hait�, la Comisi�n pudo confirmar que hab�a habido varios testigos oculares del arresto del Sr. Charlot Jacquelin y que una multitud hab�a seguido a las autoridades que lo conduc�an a la comisar�a de Cit� Soleil.  Las autoridades, a modo de respuesta, lanzaron tiros al aire para dispersar al grupo que, de hecho se disolvi�.  

20.     Otro testigo ocular aleg� haber visto que el Sr. Jacquelin escoltado por ocho soldados, era sacado de la comisar�a de Cit� Soleil en un jeep verde, reconocido como el jeep que normalmente viaja de la comisar�a a Fort Dimanche.  

21.     Otro testigo atestigu� que el arresto obedeci� a dos razones.  Cuando hay un ataque contra los militares o la polic�a �y la misma semana del arresto del Sr. Jacquelin hab�a habido uno contra la comisar�a local- las autoridades arrestan a una gran cantidad de personas como �venganza� o �para quitarles dinero�.  Este testigo manifest� que toda persona arrestada debe pagar dinero para salir en libertad y el arresto le permite a las fuerzas de seguridad extorsionar a la familia de los arrestados.  En consecuencia, afirm� el testigo, �una muerte ocurrida en un barrio puede permitir que el gobierno obtenga $10.000, extorsionando a 100 personas mediante el ofrecimiento de protecci�n obligada�.  

22.     El Gobierno de Hait� respondi� a la solicitud de informaci�n que sobre este caso le hiciera la Comisi�n, declarando que �Charlot Jacquelin jam�s hab�a sido arrestado por la polic�a�, a pesar de los numerosos testigos oculares del hecho.  La Comisi�n no ha recibido informaci�n adicional sobre este caso a pesar de que el Gobierno expres� su intenci�n de investigar los hechos conducentes a esta desaparici�n.  

Las muertes ocurridas en 1986-1987 

23.     En su Informe Anual 1986-1987, la Comisi�n analiza nuevamente el creciente estado de violencia generalizado en Hait� y los ataques sistem�ticos al derecho a la vida.  En el, la Comisi�n destaca la incapacidad del gobierno militar de poner fin a la violencia que constitu�a una amenaza para el proceso democr�tico y, en particular, para el movimiento de los candidatos por todo el pa�s en la realizaci�n de sus campa�as pol�ticas.  La Comisi�n declara en ese Informe:  

En lo que se refiere a las violaciones al derecho a la vida ocurridas desde la aprobaci�n del �ltimo Informe Anual de la Comisi�n, cientos de personas habr�an muerto en manos de agentes de las fuerzas armadas a partir del 29 de junio de 1987.  Asimismo, cientos de personas habr�an resultado heridas.  Informaciones procedentes de la Comisi�n Gubernamental de Investigaci�n de Hait� dieron la cifra de 255 muertos en el pueblo de Jean Rabel.  Por su parte, la prensa haitiana ha informado recientemente que en las calles de Puerto Principe la aparici�n de cad�veres en las calles se ha tornado una pr�ctica rutinaria.  La Comisi�n considera que Hait� vive en la actualidad en un estado de violencia generalizado.  

El clima de violencia se manifiesta en el hecho de que la poblaci�n de Puerto Principe no sale a la calle despu�s de las 9 de la noche.  Tanto personas como veh�culos son atacados, especialmente en los barrios populares de Bolosse, Cit� Soleil y Ber Air de la capital.  En la ma�ana del 2 de septiembre de 1987, por ejemplo, fueron encontrados los cuerpos de Rony Ambroise y Frequenz Charles, acribillados a balazos.  Un testigo ocular declar� que hab�an sido sacados de sus hogares durante la noche por la polic�a, muertos y sus cuerpos arrojados en una ruta hacia el aeropuerto.  La Comisi�n ha sido informada de que la aparici�n de cuerpos en las calles de Puerto Principe se ha tornado un espect�culo rutinario.  

          Este clima de violencia ha afectado el panorama pol�tico del pa�s.  Aunque las elecciones est�n fijadas para el pr�ximo mes de noviembre, ning�n candidato osa organizar una campa�a electoral y viajar a las provincias desde que le dieron muerte a Louis Eugene Athis, a principio del mes de agosto pr�ximo pasado, durante un encuentro pol�tico.  

          El 3 de agosto, Louis Eugene Athis, de 46 a�os, fundador y coordinador general del Movimiento Democr�tico para la Liberaci�n de Hait� (MODEHL) fue asesinado junto con dos de sus compa�eros, Oscar Dorgevil y Fran�ois Jean.  Athis hab�a viajado a Leogane, un pueblo a 20 millas de distancia de Puerto Principe, a los efectos de participar en un encuentro pol�tico.  Athis hab�a escrito al comandante de la regi�n con dos semanas de antelaci�n solicitando protecci�n.  Un grupo de personas armadas con machetes, picos y piedras, los atac� a pedradas y machetazos hasta darles muerte acus�ndoles de comunistas.  Otro acompa�ante, Dominique Mercena, fue golpeado en la cabeza, los brazos y la pierna izquierda, pero escap� y pudo atestiguar los hechos.  La Comisi�n ha tenido conocimiento de que los cuerpos de Athis y sus compa�eros fueron rociados con gasolina y prendidos fuego.  Athis, quien hab�a fundado su partido en 1964 en la Rep�blica Dominicana, hab�a sido un activo defensor de los derechos humanos de los braceros haitianos quienes cortaban ca�a de az�car en ese pa�s.  Tambi�n hab�a sido una de las personas que m�s contribuyeron al surgimiento del centro democr�tico en Hait� que hoy cuenta con importantes candidatos presidenciales como Dejoie, Manigat y Bazin.  Su muerte puede ser interpretada como una se�al dirigida a los pol�ticos de Hait� y ha tenido como resultado que sean muy pocos en el pa�s quienes est�n conduciendo una campa�a pol�tica.  

          En conclusi�n con respecto al derecho a la vida, en relaci�n a los actos de violencia imputados a autoridades del gobierno, la Comisi�n ha recibido, en general, informaci�n del Gobierno de Hait� exonerando a sus agentes de toda responsabilidad.  La convicci�n y sentencia del oficial de las fuerzas armadas Robes Metellus por la muerte de un obrero del transporte, Jules Louis, constituye una excepci�n a lo anterior, aunque debe se�alarse que los trabajadores del transporte hicieron una huelga de cinco d�as, en noviembre de 1986, para asegurar que Metellus ser�a injuiciado.  

24.     En cuanto se refiere al caso del Sr. Louis Eugene Athis, a pesar de que uno de los testigos oculares vivi� para contar este brutal triple asesinato, nadie, hasta la fecha, ha sido sometido a la justicia.  El chef de section9 de esta �rea fue detenido a fin de ser interrogado acerca del crimen pero despu�s fue puesto inesperadamente en libertad.  El aparato judicial se ha mantenido mudo, nadie ha sido investigado ni acusado.  En cuanto al sistema legal de Hait� se refiere, pareciera no haberse cometido ning�n crimen.  

25.     Es ahora evidente que el clima de temor generalizado de Hait� era creado sistem�ticamente por el gobierno militar y las fuerzas auspiciadas por �ste.  La diaria aparici�n de cad�veres en las calles constituye un mensaje potente a la poblaci�n para que no desafiara ni a las autoridades ni al status quo.  La incapacidad del gobierno de investigar estas muertes y conducir a alg�n responsable ante la justicia concede impunidad a los perpetradores y evidencia la complicidad del gobierno en estos actos.  

Las muertes ocurridas los d�as 28 y 29 de noviembre de 1987 

26.     Las muertes ocurridas los d�as 28 y 29 de noviembre de 1987 fueron necesarias para que el CNG rescatara el control del proceso electoral de manos del Consejo Electoral Provisional.  El 3 de diciembre de 1987, el CNG cre� una Comisi�n Investigadora Especial destinada a investigar los hechos ocurridos en las elecciones del 29 de noviembre (v�ase el cap�tulo II).  Esta Comisi�n, integrada por Luc Michel (presidente), Ives Decady, Ivan Richard Maurasse, Lous Thony Fils (coronel), Fritz Coudet (coronel) y Ulrick Noel, someti� ostensiblemente su informe a las autoridades el 15 de enero de 1988, aunque no se dio a publicidad en esa fecha.  Radio Metropole anunci� el 4 de abril de 1988, que la Comisi�n hab�a emitido su informe.  

27.     El Informe de la Comisi�n Investigadora Especial tiene 25 p�ginas y es el primero de su g�nero con apariencia de seriedad.  El mandato de este cuerpo era examinar las causas y las circunstancias en torno a los hechos acaecidos el 29 de noviembre de 1987 e identificar a sus autores.10  

28.     La Comisi�n cumpli� su mandato entrevistando a testigos tanto en Puerto Principe como en las provincias, visitando el hospital de la universidad estatal para hablar con las v�ctimas de la masacre ocurrida en la fecha en cuesti�n, entrevist�ndose con l�deres pol�ticos para escuchar sus puntos de vista sobre la situaci�n nacional y visitando el hospital de Canap�-Vert.11  

29.     El informe en particular en cuanto a su voluntad de criticar las fuerzas Duvalier-Macoutes y a su an�lisis de las causas y circunstancias que rodearon los sucesos citados pero su examen de las fuerzas envueltas obedece al impl�cito mandato gubernamental de no implicar a los militares.  En cuanto se refiere al Ej�rcito, en el se dice:  

          El Ej�rcito no particip� en la contienda por el poder puesto que no tiene ambiciones pol�ticas�12  

30.     En cuanto concierne al papel de los duvalieristas dice:  

          Los duvalieristas, por ser los herederos de la conquista revolucionaria de 1946, est�n decididos a conquistar el poder�13 

31.     En el Informe se declara que es imposible identificar a los autores individuales de los actos de violencia y sabotaje.  En muchas provincias, muchos de ellos eran individuos procedentes de otras regiones y la mayor�a ten�a puestas m�scaras para proteger la identidad. Adem�s, �la estrategia adoptada por los autores de los actos de violencia y sabotaje, objeto de la presente investigaci�n, parece haber sido la de no dejar pista alguna.14    

32.     El informe atribuye responsabilidad al Commissaire de Gouvernement cuya tarea consiste en investigar los delitos cometidos; a la Polic�a, por no haber establecido un cord�n de seguridad; al Ministerio de Informaci�n y Coordinaci�n, por no haber elevado el nivel educativo de las masas mediante programas sobre educaci�n c�vica; a las Autoridades P�blicas, por no haber tenido una pol�tica; y, por �ltimo, al Consejo Electoral Provisional, por haber permitido la injerencia de poderes extranjeros en los asuntos internos y por no haber reconocido �la imposibilidad de realizar estas elecciones antes de la masacre que tuvo lugar en la calle Vaillant.15  

33.     El Informe concluye que es posible creer que (il est permis de croire) las fuerzas Duvalier-Macoute hayan sido las autoras de estas atrocidades.  No obstante, intenta justificar los actos atribuy�ndolos a la defensa propia, al decir que:  

          Decapitados, acosados, perseguidos y quemados vivos despu�s del 6 de febrero de 1986 y, ante la inminente resurgencia de tales actos despu�s de los resultados de las elecciones de noviembre pasado, como consecuencia de su voluntad de vivir, los macoutes, se encontrar�an obligados a defenderse.16  

34.     En lo que se refiere a la acusaci�n de que tambi�n hab�an participado fuerzas integradas por macoutes y soldados del ej�rcito, en el informe se expresa que no es posible �establecer que las fuerzas integradas por macoutes y soldados estuvieran implicadas en los actos de noviembre�, aunque se evita una negativa categ�rica explicando que es �inapropiado acusar al Ej�rcito en general, a pesar del continuo conflicto entre �ste y el CEP, de la violencia electoral de la cual son culpables algunos elementos cuya identificaci�n ha sido muy dif�cil.17  

35.     La Comisi�n concluye que no ha podido identificar a los culpables porque los testigos, tales como los miembros del CEP, se negaron a testificar ante la Comisi�n, y las v�ctimas, temiendo represalias, rehusaron decir la verdad.  Dado que dos coroneles formaban parte de la Comisi�n Investigadora, es f�cil entender la reticencia de los miembros del CEP y de las v�ctimas.  La Comisi�n Investigadora expresa en su informe que aunque no ha podido identificar a los culpables de forma individual, si ha podido identificarlos �colectivamente� y pide al Commissaire du Gouvernement que investigue y castigue estos cr�menes.18  

36.     Esta raza traza de �legalismo� endosando el problema al Commissaire du Gouvernement, est� en curiosa contradicci�n con anteriores conclusiones contenidas en el Informe acerca de que el sistema judicial hab�a sido �pusil�nime e impotente� en cuanto a someter a la justicia a los participantes en el dechokaj que quemaron vivos a conocidos macoutes.  

37.     En el Informe se recomienda que la investigaci�n quede abierta y que se compense a aquellas personas que sufrieron da�os materiales y f�sicos el 29 de noviembre de 1987.  

38.          Durante la visita de agosto de 1988 a Hait�, la Comisi�n hizo al Ministro de Justicia algunas preguntas relacionadas con ciertas conclusiones y recomendaciones contenidas en ese Informe, en particular, con las causas por las cuales no se hab�a procesado a los responsables de las muertes ocurridas el 29 de noviembre y acerca de s� se hab�a instituido alguna pol�tica de compensaci�n para las v�ctimas y sus familiares que hubieran sufrido da�os materiales corporales en los sucesos del 29 de noviembre.  El Ministro respondi� que no se hab�an iniciado procesos contra los perpetradores de las muertes y otros actos de violencia el d�a de las elecciones porque el Ministerio �no puede encontrar a las v�ctimas�.  En lo que concierne a la pol�tica de compensaci�n, el Ministerio no hab�a visto el Informe de la Comisi�n Investigador ay no estaba familiarizado con sus recomendaciones.  El Sr. Ivan Richard Maurasse, Presidente  del Departamento de Detenciones del Ministerio de Justicia estaba presente en la reuni�n de la delegaci�n de la Comisi�n con el Ministro de Justicia, por lo cual pudo pregunt�rsele c�mo era posible que un miembro del Ministerio de Justicia que tambi�n hab�a sido miembro de la Comisi�n Investigadora, no hubiera comunicado los resultados de ese Informe al Ministro de Justicia.  El Sr. Maurasse respondi� que la Comisi�n Investigadora hab�a sometido su Informe al CNG y que este no lo  hab�a comunicado a�n a los ministros respectivos.  La delegaci�n de la CIDH le proporcion� al Ministro su ejemplar de ese Informe, el cual se hizo una fotocopia.  La delegaci�n pregunt� al Ministro si �l dar�a su apoyo a una pol�tica de compensaci�n para las v�ctimas de la violencia registrada el 29 de noviembre, respondiendo el Ministro que el asunto no era de su competencia.  

39.     En el Informe tambi�n se recomiendan algunas medidas radicales para tratar los problemas de seguridad, a saber, que �la Polic�a tome medidas en�rgicas y apropiadas a fin de eliminar a toda persona perturbadora del orden p�blico, o susceptible de perturbarlos, y de desmantelar los reconocidos centros donde se engendra el crimen, que sirven como medio de cultivo para la conducta antisocial.19  Esta recomendaci�n constituye, a todas luces, una carta blanca para las autoridades a fin de que puedan eliminar toda reuni�n de grupos de obreros sindicalizados, estudiantes, trabajadores de �rdenes religiosa, y otros similares, que est�n contra el gobierno.  Otra medida excesiva contenida en el Informe es la que recomienda la realizaci�n de �registros peri�dicos� en todo el pa�s para localizar o incautar armas ilegales.20  Los registros hechos no se han ajustado a las disposiciones pertinentes de la Constituci�n de 1987 (infra).  

40.     Si bien el Brigadier General H�rard Abraham, Ministro de Relaciones Exteriores, estado vestido de civil cuando se reuni� con la delegaci�n de la CIDH, en agosto de 1988, el Ministro de Justicia Brigadier General Fritz Antoine, luc�a uniforme.  El Ministro de Justicia relat� a la Comisi�n sus esfuerzos por mejorar la administraci�n de justicia en Puerto Principe y en las provincias, entreg�ndole copias de dos discursos pronunciados el 26 de agosto de 1988, uno en Saint-Marc y el otro en Gonaivez, en los que solicita de los funcionarios del Ministerio de Justicia en la regi�n de Artibonite que sirvan a la ley y la justicia, diciendo: �Es hora de que la justicia haitiana sea transparente en todos los niveles de nuestras instituciones judiciales�.  El Ministro de Justicia manifest� que piensa visitar las 15 jurisdicciones judiciales del pa�s y que dada la �violencia end�mica� de la regi�n de Arbonite, el Teniente General Namphy piensa poner fin a las �bajezas de ciertos funcionarios y agentes del Ministerio de Justicia� de modo que vuelva a reinar la paz en la regi�n.  

41.     En realidad, como se comenta detalladamente en el Cap�tulo IV (infra), el Gobierno del Presidente Manigat destituy� al Capit�n Ernst Ravix del cargo de Comandante del distrito de St. Marc, en la regi�n de Arbonite, y despu�s de derrocado Manigat, el Teniente General Namphy lo reintegr� a ese cargo.  Lo mismo sucedi� con el Suboficial Gabriel Finasse, quien despu�s de derrocado Manigat fue reintegrado a su cargo de Comandante del Subdistrito de Thomonde.  

42.     En Resumen, la Comisi�n es de la opini�n que para el Ministerio de Justicia mejore la administraci�n de la justicia en Hait�, el sistema judicial debe ser desmilitarizado.  Al presente, el Ministro de Justicia pronuncia discursos relativos a sus buenas intenciones de hacer una purga en los niveles bajos del funcionariado del Ministerio de Justicia mientras los comandantes militares de esas regiones, cuyas poblaciones los consideran �tiranos�, son reintegrados a sus cargos y contin�an aterrorizando a los habitantes.  Para que la tarea de las comisiones investigadoras tenga alg�n significado, sus conclusiones deben ser comunicadas a los ministerios pertinentes a fin de que tomen las acciones apropiadas.  

43.     Es dif�cil no llegar a la conclusi�n de que estas medidas de �reforma� se toman para apaciguar la opini�n internacional y no por un verdadero inter�s en mejorar la situaci�n.  

El asesinato del Sr. Lafontant Joseph (Caso N� 10.209) 

44.     El 11 de julio de 1988 se encontr� el cuerpo del Sr. Lafontant Joseph detr�s del volante de su coche, cerca de la ruta que conduce al aeropuerto internacional.  El Sr. Joseph, de 54 a�os, era un destacado abogado en cuestiones de derechos humanos que hab�a defendido a las figuras pol�ticas de la oposici�n, arrestadas durante los dos a�os de gobierno del CNG.  Su asesinato es el primer ataque aparentemente pol�tico ocurrido desde el golpe militar del 20 de junio de 1988 y el primer asesinato de un individuo cuyo nombre consta en una lista de condenados a muerte a manos de los escuadrones de la muerte.  

45.     Esta supuesta lista fue entregada a la Comisi�n durante su visita de agosto de 1988.  Est� fechada el 25 de mayo de 1988 y su t�tulo, en cr�ole, es: �OPERASYON BALEWOUZE TOUT KOMINIS ANACHIS MACHAN�N PEYI� (OPERACI�N LIMPIEZA DE TODOS LOS COMUNISTAS Y ANARQUISTAS QUE EST�N VIENDIENDO EL PA�S).  La lista consta de 164 nombres, aunque en algunos se incluye tambi�n a la familia, como, por ejemplo �XX, su esposa e hijos� (XX, sa femme et enfants). En vista de que ciertos ministros han dicho desconocer esta lista, se la publica para alertar a las autoridades competentes a fin de que protejan a las v�ctimas potenciales:

 

          Jean Bertrand Aristide                   Antoine Adrien 
         
William Smarth                              Jean-Marie Vincent 
         
Liliane Pierre-Paul                         Willy Romulus 
         
Anthony Pascal (Konp� Filo)             V�nel R�marais 
         
Thony B�lizaire                             Marcus Plaisimont 
         
James Rosefort                            Ardy Jean-Gardy 
         
Jean Max-Blanc                          Marie Laurence Lass�que 
         
Ben Dupuis                               Evans Paul (Konp� Plim) 
         
Jean Dominique                          Jean-Robert Aupont 
         
Dominique Levanti                        Konp� Molosk�t 
         
Hail�                                          Alix Damour 

         
Suzy Castor                               Claudette Wourley 
         
Joseph Senat                               Georges Honorat 

         
Odette Fonbrum                            Gladys Lauture et son mari 
         
Mme. Lina MacNally et son mari          Yves D�jean-Los 
         
Michel Soucar                              R�nald Trouillot 
         
Jean Claude Pierre-Louis             Cajuste Lexius 
         
Joubert Fran�ois                          Carl Henri Guito 
         
Lafontant Joseph                         Joseph Manicy Pierre 
         
Jean-Jacques Honorat                   Daniel Narcisse 
         
Eddy Volel                                 Rose-Marie Biamby-Volel 
         
Michel Hector                              Guy Pierre 
         
Max Chancy                                      G�rard Jean-Juste 
         
Manno Charlemagne                      Didier Dominique et Rachelle 
         
Alain Rocourt                                      Emmanuel Ambroise 
         
Jean Robert Sabala                     Michel Roy 
         
Louis Roy                                  Andr� Arcelin 
         
Chavannes Jean-Baptiste                  Jean-Paul Duperval 
         
Elie Cantave                                     Paul Latortue 
         
Edzer Dprsaomvo�                       Konp� Z�bey 
         
Patrix Dacius                               Suzette Fan�m Vanyan 
         
Mme. Cath�rine Roley             Joseph Maxi 

         
Paola Tet. Ansan�m Jean Rabael          Agustin Feneh 
         
Marcel Mondesir                            Sylvain Jolibois 
         
Abner Fran�ois                            Cliford Larose 
         
M�sidor G�rard                             Jean-Marie Salvant 
         
Jean-Laurent Nelson                     Mirabeau Louis 
         
Ogesse St. Jean                            Sylvio C. Cluade 
         
Louis D�joie II                            Gerard Gourgue 
         
Marc L. Bazin                                      Hubert De Ronceray et femme 
         
Luc B. Innocent                           Paul Arcelin 
         
Benard San�arig, femme et enfants          Ren� Th�odore 
         
Max Bourjolly                                     Alexandre Azard 
         
Pasteur Desarmes                         Joachin Pierre 
         
Jean Marie Benoit                       Serge Gilles 
         
Victor Benoit                               Jean Claude Bajeux 

         
F�lix Paul                                  Arnold Antonin 
         
Turneb Delp�                                Gilles Hendrick 

         
Fran�ois Pierre-Louis                     Frantz L. Jean 
         
Jean Robert Lalane                     Paul D�jean 
         
Robert Duval                                Yves Antoine Richard 
         
Gerard Pierre Charles           Gerard Troussaint 
         
Claude Ren�                                 Yves Champagne 
         
Auguste Mesyeux                         Maire-Paul Jeune 
         
Mme. Lafontant Joseph           Rockfeller Guerre 

         
Idly Cameau                                      Blain Kennedy 
         
Jean-Baptiste Hilaire                     Gabriel Miracle 
         
Eddy Jeune                                Jonas Pierre-Louis 
         
Yves Sanon                               Lesly Ambroise 
         
Michelle Montas                           Raymond Joseph 
         
Frantz Jean-Marie                         Jude L. Jean-Jacques 
         
Jacques Pascal-Zet                      Ronald St. Jean 

          Roselaine Gilbert                           R�nald Cl�rism� 
         
Frantz Grandois                            Ernst Verdiu 

         
Rom�o � Radio Lumi�re                   Monique Jean Baptista 
         
Maria Terentia Dehoux                    Karline Champagne 
         
Joel Lorquet                                      Harry Louis 
         
Ren� Exum�                               Absalon-Radio Centre ville 
         
Robert Angalde                             Clitandre Piedrre 

         
Cajuste Linhardt                          Roger Gaillard 
         
N�gre Lakay                                Duly Brutus 

         
Sincius Deli (Milo)                          Dutel Lamour 
         
Carlo D�sinor                                       Alex Ettiene 
         
Eilson D�sir                                 M�c�ne Richemond 
         
Guy Gilbert                               Marc Garcia 
         
Nicole Magloire                            Kyle Richemond 
         
Jacquelin (Prensa Latina)           Point du jour yves (kamokin nan p�yi blanc) 
         
Pasteur Porris Jean-Baptiste                  G�rad Dorm�vil (Gonaives) 
         
Serge Jovein                               Moises Senatus 

         
Franck Tomas                               Larneck Hurbon  
   

(contin�a...)

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1.       El Art�culo 4 de la Convenci�n Americana dispone: 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida.  Este derecho estar� protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepci�n. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.  2.  En los pa�ses que no han abolido la pena de muerte, �ste s�lo podr� imponerse por los delitos m�s graves, en cumplimiento de sentencia ejecutoriada de tribunal competente y de conformidad con una ley que establezca tal pena, dictada con anterioridad a la comisi�n de delito. Tampoco se extender� su aplicaci�n a delitos a los cuales no se la aplique actualmente.  3.  No se restablecer� la pena de muerte en los Estados que la han abolido.  4.  En ning�n caso se puede aplicar la pena de muerte por delito pol�tico ni comunes conexos con los pol�ticos.  5.  No se impondr� la pena de muerte a personas que, en el momento de la comisi�n del delito tuvieren menos de dieciocho a�os de edad o m�s de setenta, ni se le aplicar� a las mujeres en estado de gravidez.  6.  Toda persona condenada a muerte tiene derecho a solicitar la amnist�a, el indulto o la conmutaci�n de la pena, los cuales podr�n ser concedidos en todos los casos.  No se puede aplicar la pena de muerte mientras la solicitud est� pendiente de decisi�n ante autoridad competente.  El Art�culo 5 dice: 1.  Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad f�sica, ps�quica y moral.  2.  Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.  Toda persona privada de libertad ser� tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano.  3.  La pena no puede trascender de la persona del delincuente.  4.  Los procesados deben estar separados de los condenados, salvo en circunstancias excepcionales, y ser�n sometidos a un tratamiento adecuado a su condici�n de personas no condenadas. 5.  cuando los menores puedan ser procesados, deben ser separados de los adultos y llevados ante tribunales especializados, con la mayor celeridad posible, para su tratamiento.  6.  Las penas privativas de la libertad tendr�n como finalidad esencial la reforma y la readaptaci�n social de los condenados.

El Art�culo 7 dispone: 1.  Toda persona tiene derecho a la liberta y a la seguridad personales.  2. Nadie puede ser privado de su libertad f�sica, salvo por las causas y en las condiciones fijadas de antemano por las Constituciones Pol�ticas de los Estados Partes o por las leyes dictadas conforme a ellas.  3.  Nadie puede ser sometido a detenci�n o encarcelamiento arbitrarios.  4.  Toda persona detenida o retenida debe ser informada de las razones de su detenci�n y notificada, sin demora, del cargo o cargos formulados contra ella.  5.  Toda persona detenida o retenida debe ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales y tendr� derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continu� el proceso.  Su libertad podr� estar condicionada a garant�as que aseguren su comparecencia en el juicio.  6.  Toda persona privada de la libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que �ste decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detenci�n y ordene su libertad si el arresto o la detenci�n fueran ilegales.  En los Estados Partes cuyas leyes prev�n que toda persona que se viera amenazada de ser privada de su libertad tiene  derecho a recurrir a un juez o tribunal competente a fin de que �ste decida sobre la legalidad de tal amenaza, dicho recursos no puede ser restringido ni abolido.  Los recursos podr�n interponerse por s� o por otra persona.  7.  Nadie ser� detenido por deudas.  Este principio no limita los mandatos de autoridad judicial competente dictados por incumplimiento de deberes alimentarios.

2.       Yoram Dinstein: �The Right to Life, Physical Integrity and Liberty�, en The International Bill of Rights, Ed. Louis Henkin (1981).

3.       V�ase por ejemplo, Bernard Diederich y Al burt:  Papa Doc and the Tontons Macoutes, (edici�n 1986).

4.       Id. p. 370.

5.          Comunicado de USIS �Procedures � suivre pour l�obtention du visa de non�immigrant�, en Le Petit Samedi Soir, No. 723, agosto 6-12, 1988.

6.       Jean-Pierre Cloutier: �Crime or politics�, Haiti Times, el peri�dico de habla inglesa de Hait�, junio, 1988.

7.       LAPPH: Le Militant, No. 8, mayo, 1988.

8.       V�ase la nota 6 (supra).

9.       El chef de section en la estructura pol�tica de Duvalier era el jefe del sector territorial m�s peque�o.  Estos chefs eran elegidos por el propio presidente.

10.     V�ase Rapport de la Commission d�Enqu�te, enero, 1988.

11.     Id.

12.     Id. en p. 6.

13.     Id.

14.     Id. en p. 17.

15.     Id. en pp. 19-20.

16.     Id. en p. 21.

17,     Id. en p. 22.

18.     Id. en p. 24.

19.     Id. en p. 25.

20.     Id.