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CAPÍTULO II

DERECHO A LA VIDA1

 

A.     Consideraciones Generales

1. La Constitución de la República de Guatemala, en su artículo 43, establece que:

El Estado garantiza como derechos inherentes a la persona humana: la vida, la integridad corporal, la dignidad, la seguridad personal.

En el artículo 54, si bien se establece la pena de muerte, se reconoce que la misma tendrá "carácter extraordinario. No podrá imponerse con fundamento en presunciones, ni se aplicará a mujeres o menores de edad, a mayores de setenta años, a reos de delitos políticos,2 ni a reos cuya extradición haya sido concedida bajo esa condición" y que "contra las sentencias que impongan la pena de muerte serán admisibles todos los recursos legales pertinentes, inclusive los de casación y de gracia". "La pena se ejecutará después de agotarse todos los recursos".

3. En la realidad, como se verá en este capítulo, de hecho se ha creado en Guatemala, una situación en la que realmente predomina el irrespeto por la vida humana y por las leyes que la amparan y protegen.

 

B.     Orígenes y Agentes de la Violencia en Guatemala

1. Aunque hay frecuentes antecedentes de violencia en toda la historia guatemalteca y, con posterioridad a la caída en 1954 del Presidente Arbenz comenzó a manifestarse una violenta represión, puede afirmarse que la actual situación caracterizada por una permanente y sistemática violencia encuentra sus antecedentes u origen más cercano hacia comienzos de la década de 1960.

Como uno de los primeros antecedentes al proceso de la violencia antigubernamental cabe citar el levantamiento militar ocurrido en el año 1960 contra el gobierno del General Ydígoras Fuentes, inspirado en el deseo de un grupo de oficiales del Ejército de moralizar su institución y contrarrestar la corrupción imperante, movimiento que no logró éxito y como consecuencia del cual los militares insurrectos decidieron crear grupos guerrilleros bajo el nombre de Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR13) y Frente Guerrillero Edgar Ibarra (FGEI), los cuales se dedicaron a efectuar diversos actos de hostigamiento y de ataque en contra de diferentes entidades públicas y privadas.

2. Para contrarrestar con mayor vigor el surgimiento cada vez más generalizado de grupos que, mediante el empleo de la violencia y las armas, desafiaban el orden establecido con la declarada intención de efectuar un cambio de legalidad y de estructuras sociales en Guatemala, se fueron intensificando de parte de las autoridades gobernantes las tácticas de contra insurgencia. Aparecen así diversas organizaciones paramilitares que, sin aparente vinculación con las fuerzas armadas y policiales, empezaron a combatir en la misma dirección que las entidades oficiales, pero con mucho más eficacia, el surgimiento y desarrollo de las actividades de los grupos armados antigubernamentales.

Aparecen, de esta manera, organizaciones bajo el nombre de "MANO" (Movimiento Anticomunista Nacional Organizado), "MANO BLANCA", "Nueva Organización Anticomunista", "Ojo por Ojo", el "Escuadrón de la Muerte", y otros más, que introducen en Guatemala una nueva forma de eliminar toda clase de oposición política a través de la violencia mediante amenazas, palizas, atentados de muerte, secuestros, asesinatos de personas, torturas, etc. Los objetivos y las víctimas de estos grupos no sólo vienen a ser los guerrilleros y sus agrupaciones, y las personas identificadas claramente como elementos de oposición política, sino también las personas sobre quienes pesa la sospecha o el más mínimo indicio de simpatizar con unos u otros, o de prestarles colaboración o auxilio. Como consecuencia de los actos de dichos cuerpos paramilitares, que proceden de la manera más discriminada y arbitraria, cientos de personas inocentes resultan víctimas de este terrorismo contra insurgente.

3. Dentro del desarrollo de esta espiral de violencia pro-gubernativa y anti-gubernativa, agravada a partir de 1966, la rudeza de la lucha fue conduciendo al país a una situación de verdadero "Estado de Terror", esto es al nivel más extremo de violencia. En este estado de cosas, el terror vino a constituir, además, un arma de represión social contra los sindicatos, los grupos de oposición, las universidades, los partidos políticos, las cooperativas, las ligas campesinas miembros de la iglesia, periodistas, y, en fin, contra todas las entidades críticas al Gobierno, en contra de las cuales se han practicado toda clase de agresiones y atentados cuya autoría fue siempre negada por las autoridades oficiales y policiales, en tanto que se las atribuían indistintamente, y a veces hasta simultáneamente, a los aludidos grupos paramilitares.

En efecto, antes de las elecciones presidenciales de 1966, el 6 de marzo, 28 sindicalistas y líderes del Partido Guatemalteco de Trabajadores (PGT) fueron arrestados y desaparecieron. Ello tuvo lugar en circunstancias en que asistían a una reunión supuestamente clandestina. El hecho fue atribuido a las fuerzas de seguridad del gobierno, pero las autoridades policiales y militares negaron terminantemente conocer sobre la captura de los sindicalistas. Cuatro meses más tarde, sin embargo, de acuerdo a las informaciones recibidas, algunos de los que habían participado por encargo de las fuerzas de seguridad en el arresto de dichas personas reconocieron que las 28 personas habían sido detenidas, torturadas y asesinadas.

4. Triunfante en los comicios de 1966, Julio César Méndez Montenegro, dirigente del Partido Revolucionario (PR), durante su gobierno, en el que tuvo gran influencia el Ejército, se dio inicio a una intensa campaña en contra de las guerrillas, designando para tal efecto, como Director de estas operaciones al Coronel Carlos Arana Osorio, quien en octubre de 1966 inició la ofensiva sobre la zona de los Departamentos de Izábal y Zacapa, logrando exterminar casi totalmente las guerrillas rurales con un saldo de tres a ocho mil muertos, en su gran mayoría, campesinos.

5. El año 968 los excesos de las organizaciones paramilitares llegaron a tales extremos que produjeron una reacción aún dentro del propio gobierno. En el mes de marzo de dicho año, la "Mano Blanca" raptó y mantuvo bajo secuestro al Arzobispo de Guatemala Monseñor Mario Casariegos, con el propósito de responsabilizar de este acto a las guerrillas de izquierda. El hecho produjo tanta indignación y la huella de la "Mano Blanca" fue tan difícil de ocultar, que se vieron obligados a soltar al religioso. Además, tal situación provocó una crisis política que trajo como consecuencia la caída del Ministro de Defensa, del Jefe de la Policía Nacional y otras autoridades, y que el Coronel Carlos Arana Osorio fuera retirado de su cargo y enviado como Embajador a Nicaragua. La aplicación de estas medidas produjo un amenguamiento de la violencia de carácter transitorio, hasta que en agosto de 1968 el Embajador de los Estados Unidos John Gordon Mein fue asesinado a tiros en un frustrado intento de secuestro de parte de un grupo guerrillero izquierdista. Asimismo, fue secuestrado y asesinado el Embajador de Alemania.

6. En 1969 el Coronel Carlos Arana Osorio regresó a Guatemala como candidato a la presidencia de la República, cargo que asumió poco después de haber ganado las elecciones presidenciales en ese país. Con su ascensión al poder, el Coronel Arana reinició las operaciones de contra insurgencia. En el discurso con que aperturó las actividades de su gobierno el Presidente Arana manifestó que al haber sido elegidos él y su compañero de fórmula, se les había dado un mandato: "Pacificar el país y acabar con la ola de crímenes". "Ustedes no nos han impuesto condiciones ni nos han dicho cómo". Al iniciar su gobierno, declaró el estado de sitio y suspendió todas las garantías constitucionales expresando su intención de eliminar, por cualquier medio, la insurgencia izquierdista en Guatemala.

En 1971 el número de denuncias por personas desaparecidas o asesinadas alcanzó niveles alarmantes. En tal oportunidad, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dirigió solicitudes de información al Gobierno de Guatemala en el mes de mayo de 1971, septiembre de 1972 y nuevamente en junio de 1973. De acuerdo con la información entregada a la CIDH por el Comité de Familias de Personas Desaparecidas, el número de muertos y desaparecidos durante los años 1970 y 1971 llegó a siete mil personas. El año 1973, este mismo Comité presentó a la Comisión un nuevo listado que incluían una relación que superaba el número a quince mil personas.

Durante el gobierno del Presidente Arana Osorio, las Fuerzas Armadas y policiales adquirieron la estructura que hoy todavía mantienen, creándose también el organismo denominado Policía Militar Ambulante. Durante este período, asimismo, se denunció ante la Comisión el acrecentamiento de la influencia de las fuerzas militares y policiales sobre la organización política del país y la notoria acumulación de riquezas, dentro del sector militar dominante, mediante la adquisición de grandes extensiones de terrenos y la obtención de importantes concesiones petroleras y mineras.

7. En el mes de julio de 1974 asumió la Jefatura de Estado el General Kjell Laugerud García, quien fuera anteriormente Ministro de Defensa y Jefe del Estado Mayor del Ejército. El cuestionado triunfo electoral del General Laugerud García sobre el candidato Ríos Montt, produjo una ola de protestas por denuncias de fraude electoral. El clamor popular dio lugar a nuevos actos de violencia indiscriminada. A pesar de que en esta ocasión el número de muertos y desaparecidos no alcanzó los niveles antes observados, entidades de derechos humanos de Guatemala estiman que, en cambio, en esta oportunidad se aplicaron nuevas estrategias destinadas a crear un intenso pánico en la población.

En primer término, durante esa época el Escuadrón de la Muerte y el Ejército Secreto Anticomunista (ESA) publicaron listas de personas sentenciadas a muerte, las cuales incluían los nombres de conocidos líderes de partidos políticos de oposición, así como líderes laborales y otros líderes de la comunidad guatemalteca. Como resultado del asesinato y ejecución de las personas cuyos nombres aparecían en las aludidas listas, muchas otras personas que también estaban incluidos en las mismas, optaron por abandonar precipitadamente el país. El éxodo "voluntario" y significativo de políticos importantes de Guatemala podría ser un ejemplo de la eficacia de los métodos de terror utilizados para eliminar, por aparente propia decisión, a los líderes de la oposición. Una segunda estrategia habría sido el llevar a cabo, a través de dichos grupos paramilitares, ejecuciones y desapariciones de personas manteniendo, en relación con las mismas, el más completo silencio, o sea no anunciando una ejecución, ni luego de efectuada atribuirse la paternidad de la misma. Esta nueva estrategia de guerra psicológica, se dice, sería mucho más efectiva aún, ya que el terror desconocido es todavía peor que el que se conoce. Habría que agregar también como una estrategia más puesta en práctica durante este período, y que aún se continúa utilizando, el realizar actos de violencia y terror por medio de los grupos paramilitares con el propósito de implicar y responsabilizar de los mismos a las guerrillas.

8. En los últimos años, la principal oposición al Gobierno ha surgido principalmente de las organizaciones laborales, los grupos políticos de opositores, los grupos universitarios y algunos grupos campesinos, los mismos que, en su mayoría, estaban desarmados. A mediados de los años 70, sin embargo, se formó una nueva fuerza rebelde denominada Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) a la que se ha unido la Organización del Pueblo en Armas (ORPA). Estos grupos, con otros más pequeños, han anunciado que sumarán esfuerzos en favor de la resistencia popular armada dentro de los niveles político-militares. Esta tendencia de consolidar esfuerzos ha sido también evidente entre los grupos de resistencia no armados. Informaciones recientes sobre el número de estas organizaciones y el número de sus miembros, parecen indicar que las fuerzas gubernamentales habrían subestimado la importancia de esta resistencia en Guatemala, la cual contrariamente a lo supuesto por las fuentes oficiales, tendrían mucho más importancia de la que se les habría atribuido, y que dicha resistencia se mantiene activa no obstante el número elevadísimo de dirigentes civiles que han sido asesinados.

9. En los últimos meses, la violencia política y social se ha agudizado en Guatemala, con ostensible perjuicio para el Derecho a la Vida y otros derechos fundamentales de la persona humana.

La situación anterior se ve agravada porque los autores de los hechos violatorios de los derechos humanos gozan de completa impunidad, sin que la Comisión haya recibido del Gobierno de Guatemala indicios de que los responsables estén siendo enjuiciados o se hayan tomado medidas para ello.3

10. Esta violencia, proveniente tanto de los grupos armados terroristas de derecha y de izquierda, llevan a la Comisión a que ésta insista una vez más en su conocida doctrina sobre la materia. La Comisión reiteradamente ha subrayado la obligación que tienen los gobiernos de mantener el orden público y la seguridad personal de los habitantes del país. Con tal objeto, los gobiernos deben prevenir y reprimir, aún enérgicamente, los actos de violencia, ya sea que quienes los cometan sean funcionarios públicos o personas privadas, ya sea que sus motivaciones sean de orden político o no.

En la vida de cualquier nación, las amenazas al orden público o a la seguridad personal de sus habitantes que emanan de personas o grupos que utilizan la violencia pueden llegar a alcanzar tales proporciones que exijan suspender temporalmente el ejercicio de ciertos derechos humanos.

La mayoría de las Constituciones de los países americanos aceptan tales limitaciones e incluso preveen algunas instituciones, como el estado de emergencia o el estado de sitio, para tales circunstancias. Por supuesto que para que puedan adoptarse tales medidas deben mediar consideraciones de extremada gravedad, ya que su implantación debe obedecer precisamente a la necesidad de preservar aquellos derechos y libertades que han sido amenazadas con la alteración del orden público y la seguridad personal.

Sin embargo, es igualmente claro que ciertos derechos fundamentales jamás pueden suspenderse, como es el caso, entre otros, del derecho a la vida, del derecho a la integridad personal, o del derecho a un debido proceso. En otros términos, los gobiernos no pueden emplear, bajo ningún tipo de circunstancias, la ejecución sumaria, la tortura, las condiciones inhumanas de detención, la negación de ciertas condiciones mínimas de justicia como medio para restaurar el orden público. Estos medios están proscritos en las Constituciones y en los instrumentos internacionales, tanto regionales como universales.

Cada gobierno que enfrenta una amenaza subversiva deberá, en consecuencia, escoger entre, por una parte, el camino del respeto al imperio del derecho, o por otra parte, caer en el terrorismo estatal. Cuando un gobierno goza de un amplio apoyo popular, la escogencia del primer método será siempre exitosa como lo han demostrado varios países tanto en el pasado distante como en el más reciente.

Por otra parte, el camino del respeto al imperio del derecho no excluye, en ciertas circunstancias, la adopción de medidas extraordinarias; allí donde la situación de emergencia es verdaderamente grave, pueden imponerse ciertas restricciones, por ejemplo, a la libertad de información o limitarse el derecho de reunión dentro de los límites que señala la Constitución. Incluso, en casos más extremos, las personas pueden ser detenidas por corto tiempo sin necesidad que se le imputen cargos específicos. Es cierto que estas medidas pueden llegar a significar un riesgo de que se pierda el imperio del derecho; pero aquello no es inevitable si los gobiernos actúan responsablemente; si registran los arrestos e informan a las familias de las detenciones; si dictan órdenes estrictas prohibiendo la tortura; si entrenan cuidadosamente las fuerzas de seguridad, eliminando de ellas a los sádicos o sicópatas; si, en fin, existe un Poder Judicial independiente dotado de suficientes atribuciones como para corregir con prontitud cualquier abuso de la autoridad.

 

C.     Muertes Atribuidas a las Autoridades Gubernamentales o a sus Agentes

1. La Comisión ha venido recibiendo, en forma regular y constante, dentro de estos últimos cuatro años, numerosas denuncias, testimonios, documentos e informaciones en las que se imputan a las autoridades gubernamentales y a las fuerzas de seguridad innumerables actos que implican gravísimas y sistemáticas violaciones al derecho a la vida.

2. Tales denuncias, documentos, testimonios e informaciones han llevado a la Comisión a la conclusión inequívoca de que en Guatemala las casi diarias ejecuciones extrajudiciales de miles de personas o las detenciones extrajudiciales que se traducen después de desaparecimientos se deben a la acción, en uno y otro caso, de las fuerzas de seguridad legalmente constituidas o a los grupos paramilitares de civiles que actúan con el conocimiento y generalmente con la estrecha cooperación con las autoridades gubernamentales.

3. Dentro de las numerosas denuncias e informaciones relativas al derecho a la vida en Guatemala que la Comisión ha recibido, puede, en términos muy generales, hacerse una clasificación de las violaciones al derecho a la vida imputadas a las fuerzas de seguridad en tres grandes grupos:

(i) Ejecuciones extrajudiciales y asesinatos en las calles; (ii) Muertes masivas de campesinos e indígenas; y (iii) los desaparecidos. Por su especial importancia la Comisión se referirá a estas dos últimas situaciones en secciones especiales.

4. En lo que toca a ejecuciones extrajudiciales mediante asesinatos en las calles, la Comisión, por su trascendencia y como un ejemplo caracterizado de esa situación, se referirá a continuación al asesinato de Alberto Fuentes Mohr (Caso N° 3740), en el cual la CIDH recibió la siguiente denuncia:

El día jueves 25 de enero de 1979, el ex-Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Alberto Fuentes Mohr, fue asesinado en la ciudad de Guatemala, en la Avenida de la Reforma y Primera Calle, Zona 10, a la una y media de la tarde. Los asesinos, que dispararon con ametralladoras desde dos vehículos y motocicletas, hirieron gravemente a una pariente del Dr. Mohr, la cual había presenciado el incidente.

Otro testigo del hecho, ex-agente de la policía secreta, fue asesinado al día siguiente.

Se sospecha que los atacantes provinieron de la Guardia de Honor que queda a unas tres cuadras del sitio del asesinato.

No se levantó acta de defunción en el sitio del asesinato como la ley manda, y las autoridades no han hecho ninguna investigación del asesinato.

La denuncia pertinente fue puesta en conocimiento del Gobierno de Guatemala el 14 de febrero de 1979 y al no recibirse respuesta alguna, se reiteró con fecha 16 de diciembre del mismo año con la advertencia de que si dentro de un plazo razonable no se obtenía la contestación correspondiente, la CIDH consideraría la posible aplicación del Artículo 39 del Reglamento, presumiendo verdaderos los hechos denunciados.

El 20 de enero de 1981, el Gobierno de Guatemala remitió a la Comisión una comunicación expresando, sobre el particular, lo siguiente:

Con relación a este asunto, me permito manifestarle lo siguiente:

1. De conformidad con Oficio número 023 del 15 de enero de 1980, del Presidente del Organismo Judicial y de la Corte Suprema de Justicia, el Proceso sobre averiguar la muerte del Dr. Héctor Alberto Fuentes Mohr que lleva el número 109/79 y que está a cargo del Oficial Primero del Juzgado Noveno de Primera Instancia Penal del Departamento de Guatemala:

a) Se encuentra actualmente en fase sumaria;

b) El proceso se inició en el Juzgado 13° de Paz del Ramo Penal, el día 25 de enero de 1979, fecha en la que se practicó inspección ocular en el lugar de los hechos, y el mismo Juez ordenó hacer la investigación correspondiente al Jefe del Cuerpo de Detectives de la Policía Nacional.

Al recibir las diligencias el Juez Noveno de Primera Instancia del Ramo Penal, tomó declaración de la señora Sherly Ann Knight Hagne de Fuentes, esposa del Doctor Héctor Alberto Fuentes Mohr, y a la señora Ana María Méndez de Rodríguez.

Asimismo, ordenó a la Sección Judicial del Ministerio Público, la investigación de los hechos que dieron origen al proceso.

En autos se encuentra el informe de la Sección Judicial del Ministerio Público, siendo vedado por la Ley revelar el contenido del mismo, por el estado sumarial de las actuaciones judiciales, de conformidad con los Artículos 14 y 309 del Código Procesal Penal.

2. El Ministerio Público, desde el 25 de enero de 1979 envió un Memorial al Juez que conoce del caso, constituyéndose en Acusador en el indicado Proceso. Es decir, el Estado de Guatemala a través del Ministerio Público es Acusador en el Juicio mencionado.

3. En el referido Proceso Criminal actúa como Acusador Privado la señora Ann Knight Hagne de Fuentes.

Por su parte, la Sra. Shirley viuda de Fuentes Morh, comentando el oficio N° 023 de 15 de enero de 1980 del Presidente de la Corte Suprema de Guatemala, al que se refiere la comunicación gubernamental en el oficio transcrito, señaló:

Siento que tengo el deber de contribuir, aunque sea de una manera muy modesta, a que termine en Guatemala la actual ola de crímenes. Mi marido, Alberto Fuentes Mohr, fue asesinado por haber intentado esto mismo; por haber denunciado la represión desatada por el gobierno contra el pueblo de Guatemala; por haber tratado de organizar una apertura política, pacífica y democrática basada en el respeto a los derechos fundamentales de la gran mayoría de los guatemaltecos. Para impedir esto no vacilaron en asesinarlo.

Ha pasado ya más de un año desde que fuera acribillado en pleno día, en una de las avenidas principales, en medio de un tráfico intenso y a una cuadra de un gran cuartel militar. Sin embargo, al cabo de más de un año, no hay un acusado, ni siquiera un detenido; y la reciente carta de la Corte Suprema de Justicia de Guatemala refiriéndose a presuntas actuaciones judiciales, no tiene más propósito que simular una investigación inexistente para neutralizar a la opinión pública y a los organismos internacionales; y para impedir la identificación y castigo de los verdaderos culpables que son los grupos terroristas en complicidad abierta o velada, con el régimen.

Hasta ahora, no se ha logrado reducir la represión ilegal y arbitraria. Después de mi marido han continuado los asesinatos de guatemaltecos de toda condición. Figuras políticas prominentes como Manuel Colom Argueta, acribillado a las 11 de la mañana, también en pleno centro, ultimado dos meses más tarde que mi esposo sin que hasta ahora haya un detenido ni un acusado; el secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios, Oliverio Castañeda, de 23 años de edad, y uno de los más destacados exponentes de la joven generación guatemalteca, fue abatido también a mediodía, apenas a media cuadra del Parque Central y del Palacio de Gobierno, con la más absoluta impunidad.

He nombrado a algunas de las personas más prominentes que han sido víctimas de esta represión sanguinaria e insensata desde mediados de 1978. No han sido los únicos. Son numerosos los políticos de oposición, los sacerdotes, los periodistas que han pagado con su vida el haber denunciado los abusos del régimen, como lo demuestra la rigurosa documentación preparada por Amnesty International y que ha sido distribuida con motivo de la denuncia por atropellos a los derechos humanos en Guatemala. Pero la represión no se ha limitado tampoco a quienes, de alguna manera, disponían de una cierta capacidad de liderazgo y de resonancia para sus opiniones. Por el contrario, procurando paralizar por el terror masivo la resistencia de las capas más humildes de la población, son innombrables los campesinos y trabajadores que han pagado con su vida el haber intentado defender sus derechos o sus pobres intereses, tratando de organizarse para impedir o atenuar su sistemática violación.

5. Asimismo, cabe mencionar entre los asesinatos de líderes y personalidades del mundo político guatemalteco, el caso del licenciado don Manuel Colom Argueta, dirigente del Frente Unido de la Revolución y prominente ex-Alcalde de la ciudad de Guatemala. El hecho es atribuido a la Sección de Inteligencia del Ejército, G-2 con participación de 9 a 12 vehículos pertenecientes a las Fuerzas Armadas de ese país, así como el asesinato del líder universitario Oliverio Castañeda.

En relación con la muerte de estas y otras destacadas figuras políticas, sindicales, religiosas, y de muchos otros importantes sectores del quehacer nacional, no se conoce ningún esfuerzo exhaustivo de parte de las autoridades guatemaltecas para investigarlos y para sancionar a los responsables de los mismos.

Entre los asesinatos más recientes cabe también señalar el de Jorge Romero Imeri, Director de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de San Carlos, quien fue capturado por Fuerzas de Seguridad en marzo de 1981, en la ciudad de Guatemala, y su cuerpo fue identificado por su esposa en junio del mismo año en la localidad de Masatenango, el que presentaba señales de bárbaras torturas; los de Oscar Bonilla, Carlos Amancio Ortiz y Carlos Enrique Tuch, profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, quienes fueron asesinados en la ciudad de Guatemala en mayo de 1981. En febrero del mismo año habían sido asesinados los también profesores universitarios Mario Arnoldo Castro Pérez, José Gerardo Reyes Alvarez, y Guillermo Alfonso Mozón Paz. En marzo de 1981 fue asesinado también en la ciudad de Guatemala, el Profesor de la Universidad de San Carlos, Jorge Palacios Motta. Estos crímenes se suman, entre otros, al asesinato entre marzo y septiembre de 1980 de 27 miembros del personal de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

 

D.     Muertes Masivas de Campesinos e Indígenas

1. A continuación se resumirán las situaciones presentadas en distintos testimonios y denuncias referentes a casos de matanzas de miembros de las comunidades indígenas ocurridas en las poblaciones de Panzos, Olopa, Chajul, Nebas y Río Negro, culminando con los sucesos en la Embajada de España en Guatemala.

a)    Muertes de Panzos

2. Panzos es un pequeño poblado situado en el valle de Polochic, del Departamento de Alta Verapáz al Norte de Guatemala. Los habitantes de la región son indígenas Kekchies, quienes han sido despojados paulatinamente de sus tierras.

Según informaciones y testimonios recibidos por la CIDH, el 29 de mayo de 1978 alrededor de 700 campesinos, procedentes de diferentes aldeas del municipio de Panzos, se congregaron en la plaza principal porque, según comunicado de las autoridades del lugar, se les iba a entregar un mensaje procedente de la ciudad capital. Este mensaje sería la respuesta, creyeron ellos, a los memoriales que habían sido elaborados por los campesinos, en donde exponían su situación agraria, demandaban una repartición justa de la tierra, que se les entregaran los títulos de propiedad que legalmente les correspondían y que cesaran los desalojos de que venían siendo objeto, tanto por parte de los finqueros de la región, como por parte del ejército.

Cuando los campesinos se encontraban ya reunidos en la plaza, miembros del ejército nacional, así como varios finqueros armados comenzaron a dispararles. Los campesinos se encontraban indefensos, portando únicamente sus machetes y sus palos que son instrumentos de trabajo agrícola. Hombres, mujeres, niños, ancianos fueron cayendo mortalmente heridos. Provocaron la muerte de más de 130 personas e hirieron a un número indeterminado de personas.

Los heridos se negaban a recibir asistencia, por temor a que se les fuera a rematar y al tratar de huir los sobrevivientes cayeron en las turbulentas y caudalosas aguas del río Polochic, donde perecieron ahogados.

Después de cometida esta masacre se produjo un gran operativo militar en toda la región. Los heridos tuvieron que esperar varias horas tirados en las calles, a que llegara la asistencia médica autorizada por el ejército. Los muertos quedaron en los lugares donde cayeron durante varias horas y fueron recogidos finalmente por dos camiones oficiales en los cuales fueron llevados a una fosa común preparada con anticipación.

Los testimonios de los sobrevivientes coinciden en señalar que todos los campesinos iban desarmados, que fueron citados para darles lectura del documento que supuestamente llegaba de la capital. Ellos, más de 700 campesinos, fueron sorprendidos por la metralla y masacrados impunemente por soldados del ejército.

b)    Las Muertes de los Campesinos de Olopa4

3. La CIDH recibió la siguiente denuncia:

i. Denunciamos al Pueblo de Guatemala, los abusos que están sufriendo los campesinos de las aldeas El Rodeo, Amatillo, Agua Blanca, El Camalote, Tunoco, Carrizalito y otras del Municipio de Clopa, Chiquimula, y la represión que han desatado contra sus familias las autoridades locales.

ii. Según denuncian los campesinos de esa zona, la Policía Militar Ambulante de Monteros, Esquipulas, ha asesinado a más de cien campesinos, entre ellos algunos catequistas, 15 mujeres y 40 niños, de 1977 hasta la fecha.

iii. Esta situación de represión se ha agudizado desde el pasado mes de septiembre, cuando la PMA por orden de los finqueros del lugar, César Lemus y Domingo Interlaro, secuestró a ocho campesinos de sus casas, apareciendo después ahogados en el río unos y ahorcados otros. El 26 de septiembre, nuevamente la PMA secuestró a 15 campesinos, asesinándolos después. Al día siguiente, el 27, el Alcalde Auxiliar de Amatillo, Francisco García, se dirigió al Juzgado de Olopa a dar parte de los hechos y a solicitar la identificación de los cadáveres para poder enterrarlos. Sin embargo, esa misma noche fue igualmente secuestrado y asesinado. Los campesinos no han podido enterrar a sus familiares y vecinos, ya que se exponen ellos también a ser víctimas de la represión.

iv. Denunciamos también la forma salvaje y criminal como la PMA está reprimiendo a la población de esa zona. Según manifiestan los compañeros campesinos, al llegar la policía a sus ranchos, agarran a los niños y con la espaldita contra la rodilla, los tronchan; a las mujeres las ahorcan, a los hombres los ahogan en el río o los matan a balazos. Todavía después, queman sus ranchos y sus siembras.

v. Hace apenas unos meses repudiábamos la Masacre de Panzos y hoy vemos con indignación y cólera cómo, por la ambición desmedida de unos pocos terratenientes y la complicidad de las autoridades, se repite la historia en las aldeas de Olopa. Los finqueros César Lemus y Domingo Interiano, pretenden robarles las tierras a los campesinos. Actualmente no los dejan recoger la cosecha de los cafetales y frijolares, robándoselas para venderla después; les botan los cercos y meten ganado sin importarles arruinar las siembras que son la vida misma de los campesinos.

vi. Como consecuencia de esta represión, las aldeas El Zarzal, Piedra Amolar y El Amatillo han quedado prácticamente abandonadas, ya sea porque han matado a los campesinos o porque han tenido que salir de la represión desatada en Olapa. Los terratenientes persiguen que los campesinos desesperados por esta situación de terror abandonen sus tierras, para ellos poder extender ilegalmente sus propiedades.

La Comisión dio trámite a la denuncia.

El Gobierno de Guatemala en nota del 1° de marzo de 1979, le respondió lo siguiente:

i. Me es grato proporcionarle a continuación la información exacta en relación a los hechos denunciados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los vecinos de las aldeas Carboneras, municipio de Esquipulas; Juipilingo, Zarzal, Monteros, San José Las Lágrimas, el Rodeito, Tunucó, San Antonio y el Carrizal, de los municipios de Olopa y Camotán, fueron víctimas desde 1977, de incursiones de bandoleros armados que cometieron toda clase de delitos, como violación, secuestro, asesinato, incendios de casas y ranchos de los moradores, así como de sus siembras, robo de pertenencias y animales, etc., a tal extremo fueron hostigados por los forajidos, que quienes quedaron vivos optaron por abandonar sus ranchos y viviendas, habiéndose internado en las montañas, y algunos se marcharon a Honduras temerosos de sufrir la misma suerte de los demás. Finalmente, solicitaron la protección del Ejército la cual se les proporcionó, y entonces retornaron a sus hogares.

ii. Para mayor ilustración, me permito adjuntar los ejemplares de fecha 6 de diciembre de 1978, de los Diarios El Gráfico, Impacto y Diario de Centro América, así como La Hora del 7 de diciembre del mismo año, en cuyas páginas se narra con detalles y fotografías los hechos en la forma como sucedieron y la participación del Ejército de Guatemala, la cual fue solicitada por los propios vecinos víctimas de las amenazas, y quienes muestran su complacencia y patentizan su agradecimiento a las autoridades militares, por haberles dado la protección que solicitaron, para defenderse de los ataques e incursiones de los bandoleros y forajidos.

c)    La matanza de Chajul

4. El 6 de diciembre de 1979, nueve campesinos de Uspantán fueron secuestrados por el Ejército Nacional. En el mes de diciembre del mismo año dos de los campesinos lograron escapar.

El Ejército llevó a los 7 campesinos en helicópteros hasta Chajul, y cuando llegaron los vistieron a todos de uniformes verde olivo, les dieron viejas escopetas que no funcionaban y los hicieron caminar solos por la carretera hacia Chajul. En este camino los soldados los emboscaron y mataron a todos diciendo que eran guerrilleros que habían querido asaltar el destacamento de Chajul. Los campesinos fueron enseñados a toda la gente que pasaba en la carretera y el Ejército llamó al Alcalde de Chajul para que enterrara a los siete cadáveres, los que fueron sepultados en el cementerio de Chajul, los metieron a todos en dos hoyos, después de haber quemado con gasolina uno de los cuerpos.

Después de 20 días de la matanza, el ejército inició una escalada represiva en Chajul, combinando rastreos, controles, presencia masiva de carácter militar, cateos a las casas y secuestros de campesinos.

Las víctimas fueron Gaspar Chávez Pacheco, Pedro Chávez Caba, Antonio Chávez Caba, Gaspar Laines, Salvador Bop, Luca Caba, y Tomás Caba.

d)    Los Sucesos de Nebaj

5. El municipio de Nebaj está situado en el Departamento de Quiché, en la parte nor-occidental del país y se encuentra localizado en una de las regiones más densamente pobladas de Guatemala. Muchas familias campesinas han sido desalojadas de sus tierras, como en el caso de Panzos. Los campesinos indígenas, ante estos despojos de tierras se han organizado para luchar por sus legítimos derechos. En el caso de los indígenas cada vez que se expande la frontera agrícola del país, que nuevos territorios son colonizados o entregados a la explotación de compañías extranjeras, ellos son obligados a abandonar las tierras que tradicionalmente han cultivado y que les pertenecen desde finales del siglo pasado.

Para desalojar a los campesinos indígenas del lugar, se utilizan formas legales o aparentemente legales o ilegales. En cuanto a las primeras, los grandes terratenientes del lugar presentan documentos que los hacen propietarios de grandes extensiones, lo que significa que los indígenas, que muchas veces no pueden probar su derecho consuetudinario a la tierra, deben ser desalojados. Con respecto a las formas aparentemente legales, el Ejército de Guatemala envía grandes contingentes de tropas para atemorizarlos y reprimirlos y así poder efectuar los despojos con mayor facilidad.

Los hechos de Nebaj, fueron los siguientes:

El día 2 de marzo de 1980 el Ejército Nacional ubicado en Nebaj, le comunicó a todos los habitantes que todos los hombres mayores de 14 años deberían presentarse en el destacamento militar del lugar con el objeto de recibir una "tarjeta de control militar". Según las indicaciones del ejército, sin esa tarjeta nadie podría abandonar el pueblo. Esto naturalmente es una medida ilegal ya que no existe ninguna obligación por parte del ciudadano a portar ninguna otra identificación que no sea la cédula de vecindad.

Unos 8.000 hombres aproximadamente, esperaban su turno para obtener el documento de control militar. El proceso era lento, era además día de mercado en la localidad de tal manera que se provocó una aglomeración marcada de personas. Como la gente de las aldeas no estaba preparada para quedarse en el pueblo y las largas filas indicaban que esto iba a suceder, varias de las personas que hacían fila, indicaron que deseaban regresar a sus casas, puesto que no habían llevado alimentos.

Cuando apenas 200 hombres habían obtenido la tarjeta y era evidente que la estancia se prolongaría por más de dos días, el clamor se generalizó y ante esta insistencia varios campesinos fueron apresados y quedaron prisioneros en el destacamento militar.

Al día siguiente, 3 de marzo, un grupo de mujeres reclamó la exhibición personal de sus esposos, quienes se encontraban presos desde el día anterior y pidieron el cese de esa situación injusta. El ambiente era tenso y se produjo una discusión entre los soldados y las mujeres. Ante la solicitud de las mujeres los soldados respondieron con fuego de metralleta a la multitud que se encontraba aglomerada. Perecieron en el acto 10 personas, 6 de las cuales eran mujeres y 1 de ellas menor de edad. Decenas de heridos quedaron tendidos en la plaza también como saldo de este hecho.

e    Las Muertes de Río Negro

6. Río Negro es una aldea del Municipio de Pueblo Viejo del Departamento de Alta Verapáz y en ese municipio se construye el complejo hidroeléctrico denominado Chixoy que servirá de fuente de energía para toda la región, principalmente para la explotación de la Franja Transversal del Norte, en donde se encuentran los yacimientos, más importantes, cupríferos y de níquel explotados, así como los yacimientos petrolíferos sin explotación hasta el presente.

Según informaciones recibidas por la CIDH, el 4 de marzo de 1980 llegaron a la aldea Río Negro varios elementos del ejército. Llevaban a 3 habitantes del municipio a quienes habían capturado en el camino y a quienes acusaban de "subversivos". Al llegar ala aldea los detenidos empezaron a gritar para que la gente del pueblo supiera que estaban en poder del ejército. Una multitud se aglomeró alrededor de los vehículos en que se transportaba la tropa. Unos les pedían que soltaran a los campesinos, conocidos del lugar, otros les pedían que no se los llevaran, que no los golpearan y que pensaran en sus familias. Al ver que la población se unía, los soldados ametrallaron a la multitud, dando como resultado 6 personas muertas, entre las cuales se encontraban 2 mujeres, y 13 personas resultaron heridas.

f)    Los Sucesos de la Embajada de España

7. A las 11.00 de la mañana del día 31 de enero de 1980, 29 hombres, de ellos 23 campesinos de El Quiché, y el resto dirigentes de organizaciones populares de la ciudad de Guatemala, ingresaron en forma ordenada y pacífica a la Embajada de España. En el interior de la Embajada se encontraba el Embajador, Dr. Máximo Cajal López, sus funcionarios y dos visitantes. El ex-Vicepresidente de la República, Eduardo Cáceres Lehnhoff y el ex-Ministro de Relaciones Exteriores, Adolfo Molina Orantes.

Según diversos testimonios e informaciones recibidos por la Comisión, la Embajada fue rápidamente rodeada por unos 400 policías. El Gobierno de Guatemala ha sostenido que la policía llegó a solicitud de la Embajada. El Embajador Cajal López, así como medios de prensa, radio y televisión, afirmaron que los hechos fueron diferentes. Los ocupadores ofrecieron salir pacíficamente (en pares) con los rehenes si la fuerza policíaca se retiraba.

El Embajador, por intermedio del uso de un megáfono, le dijo a la policía que su presencia no era requerida y señaló que estaban violando la inmunidad diplomática. Tanto el señor Cáceres como el señor Molina Orantes lo respaldaron, enfatizando las disposiciones de la ley internacional.

A la 1.30 de la tarde la policía tomó posesión del techo y balcones de la Embajada. A las 2.00 de la tarde aquellos a cargo de la operación recibieron instrucciones de sus superiores, por intermedio de la radio de los patrulleros, y a las 2.15 de la tarde rompieron un tragaluz del segundo piso donde estaban los ocupantes y rehenes. El Embajador les recordó nuevamente que no estaban respetando la inmunidad diplomática de la Misión. Cuando los periodistas y funcionarios de la Cruz Roja, que intentaron negociar, salieron de la Embajada, escucharon hachazos rompiendo la puerta de la sala donde estaban los campesinos y rehenes. Oyeron tres tiros seguidos y una explosión y se produjo un incendio. El Embajador salió corriendo, gritando "son unos brutos, son unas bestias". Las últimas palabra del señor Molina Orantes fueron "Dios, señores qué han hecho". El Embajador fue detenido por la policía durante diez minutos, en uno de los patrulleros. Un oficial de la Embajada de los Estados Unidos intervino y el Embajador fue liberado.

El programa de televisión "Aquí el Mundo" reportó que la policía no hizo nada cuando el fuego empezó. El público en la calle gritaba "se están quemando vivos, rompan la puerta", mientras tanto la policía se mantuvo totalmente pasiva.

Después de salir quemado y herido de la Embajada, el Embajador habló con periodistas españoles. "En todo momento pensé que el asunto podría arreglarse negociando. Estábamos en mi pequeño despacho unas treinta o cuarenta personas cuando la policía comenzó a destrozar con hachas la puerta. En ese momento se produjo una gran confusión, sonaron algunos disparos, no puede precisar de quién, y uno de los ocupantes lanzó un "cóctel Molotov" contra la puerta. Yo estaba muy cerca de la salida y salté hacia afuera, con las ropas ardiendo como los leones en los circos".

Según el informe oficial del Gobierno español, "El Embajador de España intentó repetidas veces entrar en contacto con el Ministro de Relaciones Exteriores, con el Ministro del Interior y con el Director General de la Policía, sin obtener respuesta alguna a sus reiteradas peticiones de que la fuerza pública se retirara de las inmediaciones de la Embajada y se abstuvieran de intervenir".

Ante esta situación, el Embajador Cajal López se dirigió personalmente al mando de las fuerzas que rodeaban la sede de la Embajada, reiterándole dicha petición y comunicándole que los ocupantes aceptaban abandonar pacíficamente la Embajada, en compañía del propio Embajador. A pesar de estas apremiantes gestiones, la policía irrumpió en la sede de la misma, donde se habían refugiado los ocupantes y sus rehenes.

Hubo solamente dos sobrevivientes: El Embajador Cajal López y el campesino Gregorio Yula, que estaba gravemente herido. Los dos fueron internados en el Hospital Herrera Llerandi.

El 1° de febrero, a las 8.30 de la noche un grupo de civiles fuertemente armados ingresó al Hospital Herrera Llerandi y secuestró al sobreviviente Gregorio Yula. Posteriormente su cuerpo fue arrojado desde un auto frente a la oficina del Rector de la Universidad de San Carlos en la zona doce. En su cuerpo se encontraba una amenaza que decía: "Ajusticiado por traidor, correrá el mismo riesgo el Embajador español". El Embajador Cajal López fue trasladado del Hospital Herrera Llerandi a la Embajada de los Estados Unidos "para asegurar su integridad", según una fuente diplomática.

Al día siguiente el Gobierno de España rompió relaciones diplomáticas con Guatemala.

Las víctimas de estos dolorosos sucesos fueron las siguientes:

1.

Luis Antonio Ramírez Pas

Estudiante

2.

Felipe Antonio García Rac

Obrero

3.

Edgar Rodolfo Negreros Straube

Estudiante

4.

Vicente Menchu

Cristiano de Chimel Usp.

5.

Salomón Tavico Z.

Campesino del Quiche

6.

Gaspar Vi

Campesino de Chajul

7.

Leopoldo Pineda

Estudiante

8.

Mateo Sic Chen

Cristiano de Chimel

9.

Gavina Morán Chupe

Campesina San Pablo El Baldío

10.

José Angel Xona Gómez

Campesino San Pablo El Baldío

11.

Sonia Magaly Welchez Valdéz

Estudiante

12.

Regina Pol Cuy

Chimel Uspantan

13.

María Ramírez Anay

Chajul Uspantan

14.

María Ramírez Anay (hermana)

Chajul Uspantan

15.

Juan Tomás Lux

Chimel Uspantan

16.

María Pinula Lux

Chimel Uspantan

17.

Trinidad Gómez Hernández

Poblador

18.

Mateo Sis

Campesino San Pablo El Baldío

19.

Víctor Gómez Zacarías

Campesino de Santa Cruz

20.

Francisco Tum Castro

Aldea Los Plátanos, San Miguel

21.

Juan Chic Hernández

Macalahual Uspantan

22.

Mateo López Calvo

Campesino de Sta. Cruz

23.

Francisco Chen

Campesino Rabinal, Baja Verapaz

24.

Gregorio Yuja Xona

San Pablo El Baldío, Usp.

25.

Juan Us Chic

Chimel Uspantan

26.

Juan López Yac

Campesino de Macalajau

27.

Juan José Yos

Campesino Santa Lucía
Cotzumalguapa, Escuintla

28. Eduardo Cáceres Lehnhoff Ex-Vicepresidente de Guatemala
29. Adolfo Molina Orantes Ex-Ministro de Relaciones
Exteriores de Guatemala

30.

Jaime Ruiz del Arbol

Embajada de España

31.

Luis Felipe Sáenz Martínez

Embajada de España

32.

Lucrecia de Aviles

Embajada de España

33.

Nora Mena Aceituno

Embajada de España

34.

María Teresa Villa de Santa Fé

Embajada de España

35.

Miriam Rodríguez

Embajada de España

36.

Lucrecia Anelu

Embajada de España

37.

Mary de Barillas

Embajada de España

 

 

E.    Los Desaparecidos

1. En lo que concierne al derecho a la vida, el caso de los "desaparecidos" en Guatemala se manifiesta como uno de los problemas más graves, dado la forma en que se han producido las desapariciones así como por el extraordinario número de víctimas.

2. En lo que respecta a sus orígenes, este problema surge en el país a finales del año 1966, coincidiendo con la intensificación del proceso de la violencia y del terrorismo político.

Las víctimas se encuentran dentro de todos los sectores de la sociedad guatemalteca, pero en mayor proporción entre los dirigentes de las organizaciones opositoras y populares, de los trabajadores, campesinado, maestros, líderes estudiantiles, y religiosos o sus auxiliares seglares. Los autores o agentes responsables de los secuestros, detenciones, torturas y posterior asesinato de los "desaparecidos", por lo general, han sido los agentes de seguridad o las mismas organizaciones paramilitares que se han descrito anteriormente.

3. De la práctica constante y sistemática de esta forma cruel de represión tan generalizada en Guatemala, se pueden señalar, según los muchos testimonios e informaciones recibidas por la CIDH, las siguientes características típicas:

Las víctimas no son detenidas legalmente, mediante orden o mandamiento judicial, sino que son prácticamente "secuestradas", en sus hogares, centros de trabajo, en reuniones, asambleas, o mientras transitan por la vía pública en dirección a los mismos.

Las detenciones ilegales o secuestros se efectúan por grupos de individuos fuertemente armados, quienes normalmente llevan metralletas, que se presentan e identifican verbalmente como pertenecientes a alguno de los distintos cuerpos investigativos o de seguridad; pero no se informa a nadie de los motivos de su presunta detención ni de los centros a donde serían trasladados.

Dichos grupos actúan a la luz pública, con total impunidad y se movilizan en automóvil como los utilizados usualmente por las fuerzas policiales o fácilmente identificables como pertenecientes a los cuerpos de seguridad por las placas generalmente deterioradas que llevan, o sencillamente por ser carentes de matrícula alguna de circulación. Muchos de los secuestros, atentados y detenciones ilegales se realizan por grupos de hombres que conducen los llamados carros "Bracos" que son uno de los más utilizados por las fuerzas de seguridad del Gobierno guatemalteco.

La ostensible impunidad con que operan sin que en momento alguno se produzca ninguna intervención o actuación por parte de otras autoridades o agentes del orden que estén presentes, en las cercanías, o simplemente son requeridos para actuar a petición de familiares, amigos, o simples testigos presenciales, hace presumir que actúan con la complicidad y hasta el apoyo de las fuerzas armadas y policiales.

Las víctimas así aprehendidas desaparecen sin dejar rastros, como si se esfumaran, sin que se vuelva a tener noticias de sus paraderos.

4. Estas detenciones ilegales ocurren o se llevan a cabo públicamente, sin "encapuchamiento" de los secuestrados y cuando tienen lugar en los domicilios de las víctimas no se efectúan saqueos de sus pertenencias ni se solicita "rescate" ni entrega de sus documentos de identidad. Tampoco se aprehende a los cónyuges, hijos u otros familiares, salvo excepciones. El objetivo claro es crear el pánico y la intimidación entre los demás presentes y como sistema, se trata de conseguir evitar la identificación de los cadáveres cuando éstos pueden llegar a descubrirse.

5. En algunos casos son llevados excepcionalmente y por muy cortos períodos a cuarteles de las fuerzas armadas o estaciones de policía, para interrogatorios. Luego aparecen casi siempre mutilados, y con señales de haber sufrido brutales torturas, flotando en los ríos, dentro de bolsas plásticas, tirados por las calles, en las cunetas de las carreteras o en los barrancos.

Como regla general cuando son descubiertos los cadáveres, aparecen brutalmente desfigurados, desnudos y sin documentos o señas de identificación. En muchos casos son incinerados, lanzados al mar o dentro de las bocas o cráteres de los volcanes. También, según se ha logrado descubrir en un gran número de casos, sobre todo cuando se trata de miembros de comunidades indígenas o campesinas, cuyas poblaciones se han visto diezmadas con cierta frecuencia, sus cadáveres han sido encontrados ya descompuestos y en estado de putrefacción, enterrados en grupos, colectivamente, en grandes fosas comunes.

6. La Comisión ha recibido varias denuncias de desaparecimientos de personas. Algunos ejemplos de recientes desaparecimientos son los casos 7377 de Miguel Conrado de la Cruz; 7464 de Douglas Sequeira López5; 7733 de Alaide Foppa viuda de Solórzano; y 7822 de Iride Marasso Beltrán y su hijo menor.

7. En los últimos meses son muchas las desapariciones que se han producido en Guatemala. Entre éstas figuran las siguientes: Mario Leonel de León Flores, médico capturado por soldados de la base militar de Huehuetenango el 7 de mayo de 1981 en la localidad de Chiantla; Ana Elizabeth Ramírez Bautista, María Dolores Castro Orantes, Iride del Carmen Marasso Beltrán de Burgos y su hijo Ramiro Ignacio Burgos Marasso, desaparecidos en la ciudad de Guatemala en abril de 1981; Olga Esperanza Vásquez Masariegos, y María Eugenia y Ligia Monasterio Palacios, desaparecidas en la ciudad de Guatemala en mayo de 1981; Daniel Rodas Alvarez, Vidaul Romero Rodas, Carmen Cruz Rodas y Rodas, Erasmo Aguilar, y Benjamín Maldonado, desaparecidos en julio de 1981 en la localidad El Arbolito, en el área de El Petén; Marco Tulio Galindo, Ovidio Pinto, Israel Morales, Mariano Manuel y su esposa Angélica Chen, y Fernando Chen, desaparecidos en junio de 1981 en Rabinal, Departamento de Baja Verapaz, los que fueron encontrados muertos posteriormente; Lizardo Valdéz y Alejandro Meléndez, desaparecidos en junio de 1981 en la localidad Nueva Libertad, en el Departamento de El Petén.

 

F.     Los Cementerios Clandestinos

1. Uno de los fenómenos más graves registrados en Guatemala dentro de las violaciones al derecho a la vida, lo ha constituido el aparecimiento desde 1979 de los llamados "cementerios clandestinos", también conocidos a nivel popular, con el nombre de "botaderos de cadáveres" cuyo objetivo, como el de las "fosas comunes" encontradas en algunas zonas del interior, ha sido ocultar los cadáveres de personas desaparecidas que fueron fusiladas masivamente a mansalva en ejecuciones extra judiciales perpetradas en varios sectores agrícolas y comunidades indígenas y lograr a través de la descomposición o putrefacción de los cadáveres el hacer imposible la identificación de las víctimas.

La existencia de estos cementerios es un hecho abominable que ha venido a añadir nuevos sufrimientos a los millares de familiares de las personas desaparecidas, quienes ahora en adición a su largo peregrinar entre cárceles, morgues y hospitales, acuden a las lejanas e inhóspitas zonas donde se encuentran estos cementerios, en búsqueda de algún dato o indicio que les permita ilusionarse con la posibilidad de encontrar, entre las osamentas a medio enterrar, a algunos de sus seres queridos.

2. Con posterioridad al descubrimiento accidental del primer cementerio en el poblado de Comalapa, donde aparecieron enterrados unos 30 cadáveres han estado ocurriendo últimamente nuevas apariciones de fosas clandestinas; así el día 8 de febrero de 1981, la propia policía informó de una en donde las autoridades habían exhumado 17 cadáveres descompuestos, aparentemente todos de hombres, en un llamado cementerio secreto San Martín Jilotepeque, Chinaltenango, a unos 60 kms. al Oeste de la capital.

Dos días más tarde, el 10 de febrero de 1981, también fueron localizados, en un despoblado sector de la capital guatemalteca, los cadáveres de otras 8 personas que habían sido ahorcadas y a quienes más tarde las autoridades identificaron como un grupo de reos que había sido secuestrado por una patrulla policial en la región de Quetzaltenango, también al oeste de la capital.

El día 14 de febrero de 1981, en la población de Ipala, Departamento de Chiquimula, 200 kms. al este de la ciudad de Guatemala, se descubrió por un grupo de agricultores, otro montículo de cadáveres, semidestrozados por las balas, que según se dijo, corresponderían a unos 14 campesinos que habían desaparecido días antes en la región. Conforme a las versiones de la policía, los cuerpos se encontraban desnudos, muchos mostraban indicación de haber sido degollados o ahorcados y exhibían una clara perforación en la cabeza, como señal de haber recibido el "tiro de gracia".

Asimismo, el 17 de febrero de 1981, se informó, también esta vez en Chinaltenango, del hallazgo de otros 13 cadáveres que habían sido cruelmente torturados, todo lo cual eleva a 52 los cadáveres y a 4 los nuevos cementerios hallados.

 

G.     El Derecho a la Vida y su Incidencia en la Observación de los Otros Derechos

La Comisión estima procedente señalar que en Guatemala el derecho a la vida domina toda la problemática de los derechos humanos.

Como se hará constar en otros capítulos del presente informe, puede decirse que en la práctica las detenciones llevadas a cabo legalmente, constituyen la excepción; y que las detenciones de carácter ilegal se traducen en la práctica en el procedimiento de los secuestros, que en la mayoría de los casos, terminan con la muerte del secuestrado. Tampoco en Guatemala se pueden hacer referencias separadas o autónomas al derecho a la integridad y seguridad personal, ya que normalmente las torturas casi siempre preceden a la muerte de las víctimas.

3. Casi diariamente se produce el secuestro de personas de diferentes estamentos sociales, pudiéndose comprobar una impresionante cantidad de abogados y jueces secuestrados; de campesinos que son objeto de este procedimiento en las zonas rurales; de dirigentes políticos o de miembros de organizaciones políticas opositoras al gobierno; de dirigentes universitarios, de periodistas y de sacerdotes. Estos casos ponen de manifiesto la imposibilidad de que se puedan ejercer, con plenas garantías, los otros derechos inherentes al ser humano, tales como el del debido proceso, la libertad de religión, la libertad de asociación y la libertad de expresión, entre otros derechos.

4. Lo anterior pone en evidencia que el derecho a la vida se encuentra permanentemente amenazado, y un testimonio de ello es la relación de los innumerables casos de personas secuestradas que luego aparecen asesinadas con señales de haber sido objeto de bárbaras torturas.

Por otra parte, conviene señalar, de acuerdo a informaciones que obran en poder de la Comisión, que en los casos referentes al derecho a la vida actúan impunemente los grupos paramilitares a los cuales se sindica de contar con la complicidad y protección de los agentes de seguridad pública; y que el Gobierno no ha hecho las investigaciones serias correspondientes que permitan esclarecer estos crímenes.

5. De lo expuesto, cabe concluir que las amenazas amedrentadoras, incluyendo las publicaciones de listados de los condenados a muerte por los bandos y facciones en pugna; los secuestros y detenciones arbitrarias con su secuela de subsiguientes desapariciones; el descubrimiento de cementerios clandestinos; los incontables atentados personales y la diaria aparición a lo largo del país de cadáveres mutilados y con otras muestras de haber sufrido brutales torturas antes de su final ametrallamiento, de hecho, han creado en Guatemala una situación en la que predomina el irrespeto por la vida humana, lo que, a su vez, ha significado subvertir el Estado de Derecho e inhibir el ejercicio de la gran mayoría de los derechos consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y en la propia Constitución de Guatemala.

 

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1 En la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica, en su Artículo 4, Derecho a la Vida, se dispone que: 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente. 2. En los países que no han abolido la pena de muerte, ésta sólo podrá imponerse por los delitos más graves, en cumplimiento de sentencia ejecutoriada de tribunal competente y de conformidad con una ley que establezca tal pena, dictada con anterioridad a la comisión del delito. Tampoco se extenderá su aplicación a delitos a los cuales no se la aplique actualmente. 3. No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido. 4. En ningún caso se puede aplicar la pena de muerte por delitos políticos ni comunes conexos con los políticos. 5. No se impondrá la pena de muerte a personas que, en el momento de la comisión del delito, tuvieren menos de dieciocho años de edad o más de setenta, ni se le aplicará a las mujeres en estado de gravidez. 6. Toda persona condenada a muerte tiene derecho a solicitar amnistía, el indulto o la conmutación de la pena, los cuales podrán ser concedidos en todos los casos. No se puede aplicar la pena de muerte mientras la solicitud esté pendiente de decisión ante autoridad competente.

2    Como se señaló en el capítulo anterior, tal disposición significó que Guatemala al ratificar la Convención Americana sobre Derechos Humanos hiciera reserva al inciso 4 del Artículo 4 de la Convención ya que la Constitución solamente excluye de la aplicación de la pena de muerte, a los delitos políticos, pero no a los delitos comunes conexos con los políticos.

3 Un ejemplo patético de esta circunstancia se evidencia con las acusaciones y contra acusaciones en relación con hechos delictivos, que en el mes de julio del presente año se hicieron públicamente el Coronel Jesús Valiente Téllez ex-Jefe de Detectives, y el actual Jefe de dicha dependencia policial, Coronel Pedro García Arredondo, recriminándose mutuamente la comisión de delitos comunes lo cual pese de haber sido ampliamente informado por los medios de prensa no ha sido objeto de ningún esclarecimiento ni de parte del Gobierno ni del Poder Judicial.

4 Este caso se encuentra registrado en la CIDH bajo el N° 3497.

5 Con relación al caso del estudiante Douglas Sequeira López, desaparecido después de su detención, la Comisión adoptó una Resolución, el 25 de junio de 1981, durante su 53° período de sesiones, la que se reproduce en el Capítulo III, páginas 44, 45 y 46 de este Informe.