CAPITULO XII

  CONCLUSIONES 

     En pocos momentos de la vida republicana de Guatemala tantos individuos y sectores han estado tan comprometidos por la defensa de los derechos humanos.  Al mismo tiempo, la profundidad de los problemas estructurales y las situaciones de privilegio que son causa y origen de las violaciones hace que esa lucha sea difícil, aun para un Gobierno seriamente envuelto en la restauración de la plena vigencia de los derechos humanos. 

     El goce de los derechos socioeconómicos y culturales está reservado a un pequeño porcentaje de la población, mientras el resto sufre una de las peores condiciones sociales de todas las Américas, con excepción de Haití.  La inversión en programas sociales es mínima en relación al tamaño de los problemas. 

     Guatemala es un país de profundas diferencias de oportunidades en el goce de los derechos humanos, donde la mayoría de la población y en especial los guatemaltecos Maya-Quiché son discriminados en el goce de sus derechos, a través de mecanismos de todo tipo, tanto por instituciones oficiales como privadas, sin que el Estado garantice la igualdad de oportunidades. 

     Por el contrario, y pese a los preceptos constitucionales y pese al esfuerzo y coraje de muchas autoridades y funcionarios, el Estado parece ser el principal ejecutor y organizador de esta discriminación, sea por la acción o por la negligencia de sus agentes e instituciones, especialmente pero no únicamente, las fuerzas de seguridad.  En la presente administración se han impulsado algunas medidas que pueden comenzar a solucionar dicha situación. 

     Esa sistemática violación de los derechos humanos se ejerce también contra quienes desde la prensa, la acción sindical o universitaria, o desde organizaciones Maya-Quiché, o de defensa de derechos humanos luchan por medios legítimos para cambiar ese estado de cosas. 

     Los esfuerzos del Gobierno de la presente administración para restablecer la vigencia de los derechos humanos han tenido algunos frutos como el procesamiento de algunos miembros de rango menor de las fuerzas de seguridad acusados de violaciones a los derechos humanos, y el relativamente pacífico retorno de parte de los refugiados en México.  Igualmente en presentar algunos proyectos de ley al Congreso que terminarían con algunas situaciones sistemáticas de violación como las relativas al servicio militar obligatorio; y en tímidos inicios de programas socioeconómicos. 

     Sin embargo, la mayoría de esas leyes están trabadas por falta de acción legislativa al respecto, y cuando son aprobadas su reglamentación o fallida implementación traiciona sus objetivos iniciales de mejorar la situación de derechos humanos.  Los programas socioeconómicos son de tan reducido porte que apenas hacen mella en la situación de explotación y desamparo.  La impunidad de los oficiales y altos mandos violadores de vidas y derechos de todo tipo se mantiene. 

     El Poder Judicial, a pesar de algunos fallos ejemplares, emitidos por jueces que arriesgan su posición y aún la vida, y logrados pese a innumerables obstáculos, continúa siendo una institución ineficaz para defender los derechos humanos.  

     La militarización del país, que llega no sólo a las áreas rurales, sino también al sistema político y aún de comunicaciones sociales, es un factor de temor crónico para los habitantes y un obstáculo para el sistema democrático.  

     En cada uno de los capítulos de este informe la Comisión llega a conclusiones y ofrece recomendaciones a ese respecto. 

     La plena vigencia de los derechos, libertades y garantías que surgen de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos e instrumentos complementarios, a cuyo cumplimiento se ha comprometido Guatemala ante la comunidad interamericana, es la base y el camino hacia la recuperación social, económica y cultural del país.  Y lo es así porque esa recuperación sólo puede basarse en la dignidad de la vida de cada guatemalteco y la dedicación total de cada agente del Estado para lograrla, respetarla y defenderla.

 

22 de mayo de 1993.

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